Acción Integral del Ejército en La Marina. Pan y circo… y amenazas
José Antonio Gutiérrez D.
La aparición de panfletos amenazantes, firmados por el propio Ejército colombiano, en contra de pobladores del corregimiento de La Marina -Chaparral, sur de Tolima-, en medio de actividades cívico-militares, plantea una serie de inquietudes respecto al significado de la “Acción Integral del Ejército” en el marco de la consolidación territorial como estrategia del Estado. Queda claro que la susodicha consolidación no solamente va aparejada de toda clase de abusos contra la población (al margen de intervenciones asistencialistas puntuales inscritas en una lógica militarista), sino que además degrada la noción de derechos sociales y genera un ambiente de zozobra cuyo único fin pareciera ser quebrar los lazos organizativos en la comunidad. En el centro de esta estrategia, está la guerra declarada del Ejército a la Asociación de Trabajadores Campesinos del Tolima (Astracatol), cuyos miembros y dirigentes han soportado una campaña ininterrumpida de hostigamientos, montajes judiciales y agresiones.

La salud y el esparcimiento ¿derechos o estrategia de guerra?
Desde el viernes 24 al domingo 26 de Noviembre (2013) se realizó en La Marina una “Jornada de Apoyo al Desarrollo” impulsada por la Fuerza de Tarea Zeus de la Quinta División del Ejército Nacional, junto con la gobernación de Tolima, la alcaldía de Chaparral, bienestar familiar, acción social, la unidad administrativa de consolidación territorial y otras instituciones estatales [1] . Esta jornada, que el propio ejército calificó como “un hecho histórico”, no es más que una de las viejas brigadas cívico-militares, habiéndose desarrollado durante el curso del 2013 otras tres en el sur del Tolima: San José de las Hermosas (Chaparral), Santa Elena (Roncesvalle) y Gaitán (Ríoblanco).
El ejército puso un circo durante esos días un circo en el corregimiento, a la vez que llevaron una misión médica que intervino a algunas personas y dejó medicamentos a los enfermos. Bajaron a gente de las veredas, y según las propias fuentes militares, con las actividades de esparcimiento, repartiendo juegos a los niños y herramientas a los labriegos, atención veterinaria y con la misión médica, alcanzaron a unas 2.600 personas. En estos tres días, hubo “398 atenciones en pediatría, 320 en medicina general, 210 en ortopedia, 195 en ginecología, 162 en medicina interna, 195 en odontología, 380 en optometría y 150 en peluquería (…) Se vacunaron también 300 equinos”.
En principio, todo suena muy bien. ¿Quién puede objetar, de por sí, a que el Estado provea de servicios básicos, a los cuales la población tiene derecho? Pero hay que escarbar un poco la superficie de estas brigadas cívico-militares para darse cuenta que en realidad estas son intervenciones bastante menos inocentes que llevar médicos a gente que lo necesita. En realidad, estas brigadas cívico-militares convierten el acceso a derechos sociales en una estrategia de guerra, como parte integral de su acción contrainsurgente de supuesta “consolidación territorial”. Mediante intervenciones puntuales, buscan crear la ilusión de que se está contrarrestando la privación estructural que padecen los campesinos en Colombia a la vez que se niegan estos servicios como derechos a las mayorías. Después de tanto garrote que han metido a esta comunidad, ahora por fin cae una zanahoria para que el pueblo exclame jubiloso ¡Por fin a La Marina llega el Estado! Como si la militarización, los asesinatos, bombardeos, informantes, arrestos selectivos y masivos, montajes judiciales, etc., no fueran obra y gracia del Estado colombiano.
La Acción Integral del Ejército
Pero no son solamente los críticos a las políticas militaristas del régimen colombiano quienes decimos que estas brigadas cívico-militares son un engaño y una manera de jugar con las necesidades de la gente para fines bélicos. Esto lo afirma el propio ejército colombiano, no en su discurso oficial, pero sí en sus instructivos internos. Veamos por ejemplo qué es lo que nos dicen los mismos documentos del ejército donde se refieren a estos asuntos.
Según el “Reglamento de Operaciones y Maniobras de Combate Irregular de las Fuerzas Militares de Colombia”, la doctrina de “acción integral” en la que se inscriben las brigadas cívico-militares, son un aspecto de las “medidas de engaños sicológicas” utilizadas para “cubrir con un velo el verdadero fin que se pretende. Se utilizan para ello, y con frecuencia, los medios de comunicación”, con el fin de “orientar campañas de operaciones sicológicas especialmente dirigidas a los problemas más sentidos de la comunidad, para que estos vean nuestro compromiso y solidaridad con ellos”… compromiso y solidaridad que, como el mismo documento lo refleja, no son más que un engaño [2] . Algunos de los mecanismos para involucrarse con estos problemas, con un fin contrainsurgente, consisten en “servicios médicos básicos y especializados, asesorías, donaciones y otros servicios técnicos”, según otro documento militar [3] . Intervenciones puntuales, que buscan generar una forma de “clientelismo armado” para lograr que la comunidad “colabore”, en vez de solucionar, en realidad, los problemas de la comunidad.
En ese mismo mes, el Ejército había estado censando en el corregimiento. Estas intervenciones puntuales en la comunidad, debido a su carácter fundamentalmente contrainsurgente, no logran “consolidar” los territorios, como lo indica un informe de la Corporación Nuevo Arco Iris del 2011: “las Fuerzas Militares funcionan en algunos territorios como fuerzas de ocupación (…) las denominadas brigadas cívico-militares parecen acciones típicas de fuerzas de ocupación, sirven para hacer censos, listados de personas, pero no para consolidar el Estado de Derecho”. [4]
Después de la zanahoria, nuevamente el garrote: panfletos amenazantes
Una vez que la brigada cívico-militar y su circo hicieron las maletas el día domingo 26 de Noviembre, repartieron en el pueblo unos panfletos. En estos panfletos el Ejército señala temerariamente a miembros de la comunidad de ser milicianos, siendo estos nombrados por sus nombres propios o con los sobrenombres que se les conoce en la comunidad, como si fueran “alias”. El panfleto dice lo siguiente:
Queda claro que la consolidación militar es incompatible con la consolidación de los derechos, y que por más que traten de echar un barniz asistencialista al militarismo, lo único que se consolida es el terror y la guerra sucia.
Sorprende, por último, que una institución pública, como el Ejército, utilice lo que son derechos básicos que se niegan a las inmensas mayorías (trabajo digno, educación de calidad y vivienda digna), como “premios” en la lucha contrainsurgente. Esto demuestra el nivel de degradación de los derechos sociales en Colombia y refuerza el punto que hemos dicho más arriba de una especie de “clientelismo armado” que se viene dando en medio del conflicto y que conlleva toda clase de arbitrariedades.
Zozobra en el sur del Tolima
Desde entonces reina una extraña “calma” en el corregimiento. No ha habido ningún movimiento de las autoridades después de repartir esos panfletos, pero reina el temor en la comunidad y se espera algún nuevo golpe represivo. En otras partes del Tolima la represión y confusos hechos de violencia ya se han hecho sentir desde entonces. El día 15 de Diciembre, habría sido asesinado en la vereda Altamira, municipio de Cajamarca, el campesino y dirigente de Astracatol Julio César Londoño, cuyo cuerpo apareció en una fosa improvisada el 23 del mismo mes [6] . El 16 de Enero, en la localidad de Vegas del Café, municipio de Dolores, durante una detención masiva, ocho campesinos vinculados a Astracatol también fueron arrestados. Hay que recordar que, en la misma localidad, el 9 de Mayo del 2013, otros ocho campesinos de Astracatol ya habían sido arrestados sin pruebas sólidas en su contra [7] .
Hay temor de que estos panfletos preparen el ambiente para nuevos montajes judiciales, ya que, aparte del clima represivo que se respira en el departamento, en La Marina ya ha habido otros montajes judiciales en el pasado, que terminaron con ocho dirigentes del corregimiento y de municipios vecinos tras las rejas durante dos años; montaje que cayó en Julio del 2013 por falta de pruebas y fruto de una fuerte campaña por su liberación [8] . Todavía quedan campesinos del corregimiento en la cárcel por motivos eminentemente políticos: José Norbey Lugo Caballero, Enzo Fabián Díaz, Yeison Orlando Castañeda, Wilmer Pérez Parra, Isidro Alape, Bilman Useche Pava. La comunidad está a la expectativa y sigue organizándose, pese a la inseguridad, para frenar los atropellos y lograr que, por fin, los dejen tranquilos. Pero en toda Colombia sigue aumentando la represión oficial y paraoficial: arrestos masivos, amenazas a miembros de la UP y de la Marcha Patriótica, asesinatos políticos, detenciones selectivas. Este año se juntan tres procesos que determinan la escalada de violencia en contra de los de abajo: elecciones presidenciales y legislativas, proceso de paz y aumento del malestar y la protesta social. El sur de Tolima no es ajeno a este contexto generalizado de violencia. Es legítimo, en este marco, preguntarse si así entiende la paz Santos y el bloque en el poder en Colombia.
NOTAS:
[1] http://www.ejercito.mil.co/ index.php?idcategoria=355363
[2] “ Reglamento de Operaciones y Maniobras de Combate Irregular de las Fuerzas Militares de Colombia” EJC 3-10-1, 2ª edición, 2010, p.91. Los documentos militares citados han sido hechos disponibles por la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Hacen un análisis de documentos internos sobre la “Acción Integral” del Ejército desde la perspectiva cristiana comprometida en http://justiciaypazcolombia. com/IMG/pdf/Doctrina_Militar_ Para_Matar_el_Alma_feb_AB-2. pdf
[3] “Instrucciones Generales sobre la Doctrina de Acción Integral”, Fuerzas Militares de Colombia, Comando General, Cartilla de Trabajo, s/f (entre 2006-2010) p.22
[4] “La Nueva Realidad de las Farc”, Corporación Nuevo Arco Iris, 2011, pp.16-17
[5] “ Reglamento de Operaciones y Maniobras de Combate Irregular de las Fuerzas Militares de Colombia” EJC 3-10-1, 2ª edición, 2010, p.88
[6] http://prensarural.org/spip/ spip.php?article12968
[7] http://www.elnuevodia.com.co/ nuevodia/actualidad/judicial/ 207634-capturan-a-ocho- personas-acusadas-de-rebelion ; http://anarkismo.net/article/ 25704
[8] http://anarkismo.net/article/ 25903
(*) José Antonio Gutiérrez D. es militante libertario residente en Irlanda, donde participa en los movimientos de solidaridad con América Latina y Colombia, colaborador de la revista CEPA (Colombia) y El Ciudadano (Chile), así como del sitio web internacional www.anarkismo.net. Autor de "Problemas e Possibilidades do Anarquismo" (en portugués, Faisca ed., 2011) y coordinador del libro "Orígenes Libertarios del Primero de Mayo en América Latina" (Quimantú ed. 2010).
La aparición de panfletos amenazantes, firmados por el propio Ejército colombiano, en contra de pobladores del corregimiento de La Marina -Chaparral, sur de Tolima-, en medio de actividades cívico-militares, plantea una serie de inquietudes respecto al significado de la “Acción Integral del Ejército” en el marco de la consolidación territorial como estrategia del Estado. Queda claro que la susodicha consolidación no solamente va aparejada de toda clase de abusos contra la población (al margen de intervenciones asistencialistas puntuales inscritas en una lógica militarista), sino que además degrada la noción de derechos sociales y genera un ambiente de zozobra cuyo único fin pareciera ser quebrar los lazos organizativos en la comunidad. En el centro de esta estrategia, está la guerra declarada del Ejército a la Asociación de Trabajadores Campesinos del Tolima (Astracatol), cuyos miembros y dirigentes han soportado una campaña ininterrumpida de hostigamientos, montajes judiciales y agresiones.
Desde el viernes 24 al domingo 26 de Noviembre (2013) se realizó en La Marina una “Jornada de Apoyo al Desarrollo” impulsada por la Fuerza de Tarea Zeus de la Quinta División del Ejército Nacional, junto con la gobernación de Tolima, la alcaldía de Chaparral, bienestar familiar, acción social, la unidad administrativa de consolidación territorial y otras instituciones estatales [1] . Esta jornada, que el propio ejército calificó como “un hecho histórico”, no es más que una de las viejas brigadas cívico-militares, habiéndose desarrollado durante el curso del 2013 otras tres en el sur del Tolima: San José de las Hermosas (Chaparral), Santa Elena (Roncesvalle) y Gaitán (Ríoblanco).
El ejército puso un circo durante esos días un circo en el corregimiento, a la vez que llevaron una misión médica que intervino a algunas personas y dejó medicamentos a los enfermos. Bajaron a gente de las veredas, y según las propias fuentes militares, con las actividades de esparcimiento, repartiendo juegos a los niños y herramientas a los labriegos, atención veterinaria y con la misión médica, alcanzaron a unas 2.600 personas. En estos tres días, hubo “398 atenciones en pediatría, 320 en medicina general, 210 en ortopedia, 195 en ginecología, 162 en medicina interna, 195 en odontología, 380 en optometría y 150 en peluquería (…) Se vacunaron también 300 equinos”.
En principio, todo suena muy bien. ¿Quién puede objetar, de por sí, a que el Estado provea de servicios básicos, a los cuales la población tiene derecho? Pero hay que escarbar un poco la superficie de estas brigadas cívico-militares para darse cuenta que en realidad estas son intervenciones bastante menos inocentes que llevar médicos a gente que lo necesita. En realidad, estas brigadas cívico-militares convierten el acceso a derechos sociales en una estrategia de guerra, como parte integral de su acción contrainsurgente de supuesta “consolidación territorial”. Mediante intervenciones puntuales, buscan crear la ilusión de que se está contrarrestando la privación estructural que padecen los campesinos en Colombia a la vez que se niegan estos servicios como derechos a las mayorías. Después de tanto garrote que han metido a esta comunidad, ahora por fin cae una zanahoria para que el pueblo exclame jubiloso ¡Por fin a La Marina llega el Estado! Como si la militarización, los asesinatos, bombardeos, informantes, arrestos selectivos y masivos, montajes judiciales, etc., no fueran obra y gracia del Estado colombiano.
La Acción Integral del Ejército
Pero no son solamente los críticos a las políticas militaristas del régimen colombiano quienes decimos que estas brigadas cívico-militares son un engaño y una manera de jugar con las necesidades de la gente para fines bélicos. Esto lo afirma el propio ejército colombiano, no en su discurso oficial, pero sí en sus instructivos internos. Veamos por ejemplo qué es lo que nos dicen los mismos documentos del ejército donde se refieren a estos asuntos.
Según el “Reglamento de Operaciones y Maniobras de Combate Irregular de las Fuerzas Militares de Colombia”, la doctrina de “acción integral” en la que se inscriben las brigadas cívico-militares, son un aspecto de las “medidas de engaños sicológicas” utilizadas para “cubrir con un velo el verdadero fin que se pretende. Se utilizan para ello, y con frecuencia, los medios de comunicación”, con el fin de “orientar campañas de operaciones sicológicas especialmente dirigidas a los problemas más sentidos de la comunidad, para que estos vean nuestro compromiso y solidaridad con ellos”… compromiso y solidaridad que, como el mismo documento lo refleja, no son más que un engaño [2] . Algunos de los mecanismos para involucrarse con estos problemas, con un fin contrainsurgente, consisten en “servicios médicos básicos y especializados, asesorías, donaciones y otros servicios técnicos”, según otro documento militar [3] . Intervenciones puntuales, que buscan generar una forma de “clientelismo armado” para lograr que la comunidad “colabore”, en vez de solucionar, en realidad, los problemas de la comunidad.
En ese mismo mes, el Ejército había estado censando en el corregimiento. Estas intervenciones puntuales en la comunidad, debido a su carácter fundamentalmente contrainsurgente, no logran “consolidar” los territorios, como lo indica un informe de la Corporación Nuevo Arco Iris del 2011: “las Fuerzas Militares funcionan en algunos territorios como fuerzas de ocupación (…) las denominadas brigadas cívico-militares parecen acciones típicas de fuerzas de ocupación, sirven para hacer censos, listados de personas, pero no para consolidar el Estado de Derecho”. [4]
Después de la zanahoria, nuevamente el garrote: panfletos amenazantes
Una vez que la brigada cívico-militar y su circo hicieron las maletas el día domingo 26 de Noviembre, repartieron en el pueblo unos panfletos. En estos panfletos el Ejército señala temerariamente a miembros de la comunidad de ser milicianos, siendo estos nombrados por sus nombres propios o con los sobrenombres que se les conoce en la comunidad, como si fueran “alias”. El panfleto dice lo siguiente:
“¡Milicianos! Frente 21, Cacica La Gaitana, Corregimiento La MarinaEn uno de los documentos militares a los que nos hemos referido, se recomienda, entre otras variantes de la guerra psicológica, la utilización de panfletos amenazantes para “causar miedo, asustar, dominar al enemigo y hacer vacilar su voluntad” [5] . El panfleto, que trae los emblemas y las consignas del Ejército y específicamente de la Brigada Móvil No. 8 (adscrita a la Fuerza de Tarea Zeus), tiene claramente por objetivo, como recomiendan los instructivos militares, generar terror, es decir, desarrollar una estrategia eminentemente terrorista hacia la comunidad. Todos los señalados son dirigentes campesinos de Astracatol, dirigentes comunitarios, personas reconocidas y apreciadas por sus labores en beneficio de la comunidad de La Marina. Ninguno de los mencionados en el panfleto está en situación de clandestinidad, todos llevan vidas perfectamente públicas: en virtud a los derechos que tienen estas personas, como cualquier otro colombiano (que incluyen garantías, debido proceso, etc.), es inaceptable que se les haga esta clase de señalamientos sin pruebas en su contra ni órdenes de captura. Esta clase de intimidación, propia de los métodos paramilitares, nos recuerda que varias unidades del Ejército en Tolima han sido señaladas por vínculos con las Águilas Negras, los Niches y los Rastrojos.
Alias Chucho, Alias Pinche, Alias Chávez, Alias Chacón, Alias Dago, Alias el Guaragua, Alias el Chulo, Alias Tigre, Alias Pecho de Oro, Alias Polo
Desmovilízate, tu familia necesita tranquilidad
Entréguese a la unidad militar más cercana
Llame a los teléfonos celulares 3138488603-3184511544
Hay mejores opciones de vida, no lo piense más
No se deje utilizar por los cabecillas/ Los que gozan son los cabecillas, mientras que usted es quien arriesga su vida y daña su imagen personal/ No desperdicie su juventud sirviéndole al terrorismo/ Piense en sus hijos y en el futuro de su familia/ No destruya sus sueños y el futuro de los demás/ Aproveche los beneficios que le ofrece el Gobierno Nacional mediante el plan al desmovilizado/ Tener una excelente educación/ Una vivienda digna/ Derecho a un Trabajo Digno. ”
Queda claro que la consolidación militar es incompatible con la consolidación de los derechos, y que por más que traten de echar un barniz asistencialista al militarismo, lo único que se consolida es el terror y la guerra sucia.
Sorprende, por último, que una institución pública, como el Ejército, utilice lo que son derechos básicos que se niegan a las inmensas mayorías (trabajo digno, educación de calidad y vivienda digna), como “premios” en la lucha contrainsurgente. Esto demuestra el nivel de degradación de los derechos sociales en Colombia y refuerza el punto que hemos dicho más arriba de una especie de “clientelismo armado” que se viene dando en medio del conflicto y que conlleva toda clase de arbitrariedades.
Zozobra en el sur del Tolima
Desde entonces reina una extraña “calma” en el corregimiento. No ha habido ningún movimiento de las autoridades después de repartir esos panfletos, pero reina el temor en la comunidad y se espera algún nuevo golpe represivo. En otras partes del Tolima la represión y confusos hechos de violencia ya se han hecho sentir desde entonces. El día 15 de Diciembre, habría sido asesinado en la vereda Altamira, municipio de Cajamarca, el campesino y dirigente de Astracatol Julio César Londoño, cuyo cuerpo apareció en una fosa improvisada el 23 del mismo mes [6] . El 16 de Enero, en la localidad de Vegas del Café, municipio de Dolores, durante una detención masiva, ocho campesinos vinculados a Astracatol también fueron arrestados. Hay que recordar que, en la misma localidad, el 9 de Mayo del 2013, otros ocho campesinos de Astracatol ya habían sido arrestados sin pruebas sólidas en su contra [7] .
Hay temor de que estos panfletos preparen el ambiente para nuevos montajes judiciales, ya que, aparte del clima represivo que se respira en el departamento, en La Marina ya ha habido otros montajes judiciales en el pasado, que terminaron con ocho dirigentes del corregimiento y de municipios vecinos tras las rejas durante dos años; montaje que cayó en Julio del 2013 por falta de pruebas y fruto de una fuerte campaña por su liberación [8] . Todavía quedan campesinos del corregimiento en la cárcel por motivos eminentemente políticos: José Norbey Lugo Caballero, Enzo Fabián Díaz, Yeison Orlando Castañeda, Wilmer Pérez Parra, Isidro Alape, Bilman Useche Pava. La comunidad está a la expectativa y sigue organizándose, pese a la inseguridad, para frenar los atropellos y lograr que, por fin, los dejen tranquilos. Pero en toda Colombia sigue aumentando la represión oficial y paraoficial: arrestos masivos, amenazas a miembros de la UP y de la Marcha Patriótica, asesinatos políticos, detenciones selectivas. Este año se juntan tres procesos que determinan la escalada de violencia en contra de los de abajo: elecciones presidenciales y legislativas, proceso de paz y aumento del malestar y la protesta social. El sur de Tolima no es ajeno a este contexto generalizado de violencia. Es legítimo, en este marco, preguntarse si así entiende la paz Santos y el bloque en el poder en Colombia.
NOTAS:
[1] http://www.ejercito.mil.co/
[2] “ Reglamento de Operaciones y Maniobras de Combate Irregular de las Fuerzas Militares de Colombia” EJC 3-10-1, 2ª edición, 2010, p.91. Los documentos militares citados han sido hechos disponibles por la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz. Hacen un análisis de documentos internos sobre la “Acción Integral” del Ejército desde la perspectiva cristiana comprometida en http://justiciaypazcolombia.
[3] “Instrucciones Generales sobre la Doctrina de Acción Integral”, Fuerzas Militares de Colombia, Comando General, Cartilla de Trabajo, s/f (entre 2006-2010) p.22
[4] “La Nueva Realidad de las Farc”, Corporación Nuevo Arco Iris, 2011, pp.16-17
[5] “ Reglamento de Operaciones y Maniobras de Combate Irregular de las Fuerzas Militares de Colombia” EJC 3-10-1, 2ª edición, 2010, p.88
[6] http://prensarural.org/spip/
[7] http://www.elnuevodia.com.co/
[8] http://anarkismo.net/article/
(*) José Antonio Gutiérrez D. es militante libertario residente en Irlanda, donde participa en los movimientos de solidaridad con América Latina y Colombia, colaborador de la revista CEPA (Colombia) y El Ciudadano (Chile), así como del sitio web internacional www.anarkismo.net. Autor de "Problemas e Possibilidades do Anarquismo" (en portugués, Faisca ed., 2011) y coordinador del libro "Orígenes Libertarios del Primero de Mayo en América Latina" (Quimantú ed. 2010).
jueves, 6 de febrero de 2014
Leer más...
Lo que no dice el artículo del Washington Post -I
Anncol.eu
Por José Antonio Gutiérrez D.

Enero 11. “Antonio Caballero, decía en 1998 que “en el fondo nuestra guerra es muy sencilla: es el fruto del imperialismo y de la lucha de clases. Dos cosas que, según las clases dirigentes colombianas, no existen. Así que seguiremos en guerra” [1] . Nunca esta aseveración fue más cierta, ahora que se levanta la polvareda por las “revelaciones” del Washington Post [2] , que no dicen sino lo que muchos sabemos: que en buena medida esta oligarquía parásita, cleptómana, corrupta y mafiosa, se mantiene en el poder gracias a la intervención activa de los Estados Unidos en los asuntos colombianos”, comienza José Antonio Gutiérrez D. su exteno análizis del texto de Washington Post. Leer más.
sábado, 18 de enero de 2014
Leer más...
“En Colombia, les estamos pagando a las multinacionales para que se lleven todo"
Por Renán Vega:
Renán Vega Cantor, autor de importantes obras sobre
el modelo económico colombiano, de acumulación por despojo violento
(que él llama “capitalismo gangsteril”), entre las que destacan
Petróleo y Protesta Obrera, Sangre y Cemento, y Capitalismo y Despojo.
Para conversar sobre este juicio y sobre su importancia, entrevistamos
a Renán Vega. Crítico y reflexivo, fustiga no sólo a las
multinacionales sino que a las bases mismas de este modelo económico
neoliberal, dependiente, rentista, salvajemente violento, que se
encuentra en una profunda crisis -como lo evidencia el actual Paro
Agrario y Popular que sacude a Colombia
Entre los días 16 y 18 de Agosto, se realizó en Bogotá, por
iniciativa del Congreso de los Pueblos, un Juicio Ético y Político
contra el Despojo en Colombia, que tuvo en el banquillo de los
acusados a dos grandes multinacionales que han hecho noticia en
Colombia en tiempos recientes. El juicio, hecho según los llamados
“tribunales de opinión”, fue escenario para bien documentadas
denuncias y desgarradores testimonios sobre el accionar de ambas
compañías. En el panel del juicio estuvo, entre otros expertos, el
profesor Renán Vega Cantor. Para conversar sobre este juicio y sobre
su importancia lo entrevistamos; crítico y reflexivo, fustiga no
sólo a las multinacionales sino que a las bases mismas de este
modelo económico neoliberal, dependiente, rentista, salvajemente
violento, que se encuentra en una profunda crisis -como lo evidencia
el actual Paro Agrario y Popular que sacude a Colombia-. Los dejamos
con esta entrevista, que entrega importantes luces y reflexiones
para enfrentar el actual período, y así contribuir a la construcción
de alternativas.
Renán Vega habla de las Multinacionales Pacific Rubiales
y AngloGold Ashanti: “les estamos pagando para que se
lleven todo”
Entre los días 16 y 18 de Agosto, se realizó en Bogotá, por
iniciativa del Congreso de los Pueblos, un Juicio Ético y
Político contra el Despojo en Colombia, que tuvo en el
banquillo de los acusados a dos grandes multinacionales que han
hecho noticia en Colombia en tiempos recientes. Por un lado, estaba
la AngloGold Ashanti, una importante empresa minera de
origen sudafricano que está impulsando el controvertido proyecto de
La Colosa en el municipio de Cajamarca, Tolima, el cual se pretende
convertir en la mina de oro a tajo abierto más grande del mundo, con
todo el costo ambiental y social que eso significa [1]. Por otra
parte, estuvo la Pacific Rubiales, empresa petrolera de
origen canadiense que ha estado al centro de la polémica debido al
costo social y ambiental de sus explotaciones en Puerto Gaitán,
Meta, evidenciado por las impresionantes movilizaciones de los
trabajadores hace dos años.El juicio, hecho según los llamados “tribunales de opinión”, que se desarrollaron en los ’70 para llamar la atención ante la impunidad que rodeaba a crímenes de lesa humanidad como la intervención norteamericana en Vietnam o las dictaduras del Cono Sur, fue escenario para bien documentadas denuncias y desgarradores testimonios sobre el accionar de ambas compañías. Finalmente, en la sentencia se condenó a ambas compañías por las siguientes violaciones: violaciones graves a los derechos laborales; violación a la libertad de asociación sindical; violación al derecho a la protesta social; desprecio de la dignidad y la vida de los trabajadores y las comunidades; instigación de asesinatos selectivos de dirigentes sindicales, indígenas y de organizaciones sociales; violación al derecho a la alimentación; vulneración de los derechos colectivos a la tierra; vulneración del derecho a los recursos naturales; vulneración de los derechos de participación, especialmente al de la consulta previa; violación de los derechos culturales, espirituales y ancestrales, así como al desarrollo propio y autónomo de los pueblos originarios.
En el panel del juicio estuvo, entre otros expertos, el profesor Renán Vega Cantor, autor de importantes obras sobre el modelo económico colombiano, de acumulación por despojo violento (que él llama “capitalismo gangsteril”), entre las que destacan Petróleo y Protesta Obrera, Sangre y Cemento, y Capitalismo y Despojo. Para conversar sobre este juicio y sobre su importancia, entrevistamos a Renán Vega. Crítico y reflexivo, fustiga no sólo a las multinacionales sino que a las bases mismas de este modelo económico neoliberal, dependiente, rentista, salvajemente violento, que se encuentra en una profunda crisis -como lo evidencia el actual Paro Agrario y Popularque sacude a Colombia-. Los dejamos con esta entrevista, que entrega importantes luces y reflexiones para enfrentar el actual período, y así contribuir a la construcción de alternativas.
1. ¿Cómo fue el proceso en torno al juicio ético a las
multinacionales realizado recientemente en Bogotá? ¿Cómo es que
usted terminó en el panel que juzgó el accionar de Pacific Rubiales
y de AngloGold Ashanti?
La audiencia pública en la que se juzgaron a las multinacionales mencionadas, que se efectuó en la ciudad de Bogotá durante los días 16-18 de agosto, fue un hecho más de un prolongado esfuerzo que han efectuado varias organizaciones sociales y gremiales durante varios años. Como parte de este proceso se destacan la realización de audiencias regionales previas, en el sur de Bolívar y en Puerto Gaitán, en donde los habitantes locales, los más directa e inmediatamente afectados, proporcionaron testimonio y suministraron pruebas sobre el comportamiento criminal de las multinacionales en cuestión. Al mismo tiempo, con la realización de las audiencias, otro grupo de personas se encargó de adelantar labores de recolección de información y acopió de documentación con miras a reunir elementos que permitieran tener una visión integral sobre la actuación e impacto de las Empresas Transnacionales (ETN) en territorio colombiano.
Participé en la última jornada del juicio ético por la invitación que me hicieron los organizadores a proporcionar un testimonio analítico sobre el comportamiento de las multinacionales en Colombia. Esta invitación resultó de mi experiencia previa en el estudio histórico sobre las luchas de los trabajadores petroleros, de la publicación reciente del libro Capitalismo y Despojo y de mi labor educativa, en la cual siempre he señalado las características nefastas que tienen para los pobres de nuestro país la explotación minera y petrolera y la catástrofe ambiental que esto genera.
En concreto, los organizadores me solicitaron que me refiriera al papel que desempeña el Estado colombiano en el proceso de despojo, como soporte de las ETN. En mi intervención sostuve que había que romper con el mito que nos dice que en esta época los Estados tienen un papel nulo en los procesos de acumulación de capital y despojo, y son las ETN los sujetos protagónicos y activos. En contra de este prejuicio indique que los Estados, tanto los de los lugares de procedencia de las empresas, como los de los territorios a donde éstas llegan, son indispensables para garantizar el funcionamiento de las mismas. Esto se ejemplifica en los ámbitos jurídico, laboral, represivo e ideológico con la promulgación de leyes favorables a la inversión extranjera, con la protección militar de las empresas y la represión a los trabajadores y pobladores locales, con la implementación de la flexibilización laboral y la persecución de los sindicatos, con una campaña de propaganda y publicidad para lavar la imagen de las empresas y presentar a la locomotora minera como un instrumento de prosperidad y bienestar para el país.
2. ¿Cuáles fueron las principales constataciones de este juicio ético?
Durante las tres jornadas del juicio se presentaron innumerables pruebas y testimonios, por parte de todos aquellos que se han visto perjudicados y afectados en forma directa por la acción de la Pacific Rubiales y laAngloGold Ashanti, así como por investigadores independientes que han estudiado el asunto, tanto a escala nacional, como a nivel local y regional. En una forma sistemática se fueron presentando testimonios, análisis y descripciones de campesinos, indígenas, trabajadores y pobladores de las regiones en donde vienen operando las multinacionales en cuestión. Así mismo, el Fiscal del Juicio Ético y Político, el dirigente sindical Francisco Ramírez, presentó un pormenorizado pliego de cargos contra esas multinacionales, en donde enumeró, sistematizó y precisó los actos criminales, en cuanto al patrocinio y financiación de grupos paramilitares, la tortura y asesinato a que se han visto sometidas personas y trabajadores que han denunciado a las empresas, la destrucción ambiental y de los ecosistemas, el terror laboral, las mentiras corporativas, entre otros aspectos.
Hay que resaltar también que varios testimonios fueron profundamente desgarradores, tanto por las dolorosas experiencias personales que se revelaron, como por la impunidad criminal de las empresas y del Estado. En ese sentido, para señalar solamente un caso, se relató el asesinato de Alejandro Uribe Chacón, dirigente sindical, líder campesino y presidente de la Junta de Acción Comunal de Mina Gallo (Morales, sur de Bolívar), fue asesinado por el Ejército el 19 de septiembre de 2006.
Todos estos señalamientos se recogen en la condena a esas ETN por parte del cuerpo colegiado que estudio pruebas y testimonios, y que elaboró un importante documento.
3. Ambas empresas son poderes importantes en Colombia, verdaderos Estados en otro Estado. Por citar sólo un ejemplo, la AngloGold Ashanti tiene por lo menos 410 títulos mineros en Colombia -391 directos, 19 a través de ‘Exploraciones Chocó Colombia S.A.S.’-, controlando así, al menos, una extensión de 821.087 hectáreas de territorio nacional. ¿Describiría usted la relación de estas empresas con el Estado como cordial o existirían conflictos puntuales debido al control tan extenso que estas empresas tienen en el país?
Para las dos empresas es importante Colombia, aún más para la Pacific Rubiales nuestro país es crucial porque aquí desarrolla sus principales actividades, hasta el punto que hoy extrae algo más de una cuarta parte del petróleo que se exporta desde este país. Por su parte, para la AngloGold Ashanti, una empresa minera con inversiones en varios continentes, sus inversiones en Colombia son de primer orden en varios lugares del territorio nacional, pero especialmente en la región de Cajamarca (Tolima), en el sur de Bolívar y en Gramalote. La mina La Colosa, en el Tolima, se ha convertido en uno de los principales proyectos de extracción de oro del mundo y, de concretarse tan demencial propuesta, será una de las minas de oro a cielo abierto más inmensas de todo el planeta.
Ambas empresas participan en la feria de títulos mineros que se impulsa desde el Estado, y en la que se está cediendo todo el territorio nacional, de sur a norte y de oriente a occidente, en los páramos, en la selva, en la Orinoquia, en la zona andina, en la costa y en los mares. Al respecto puede señalarse que en los lugares donde se adelantan las explotaciones más nombradas de las dos empresas, en Cajamarca y en Puerto Gaitán, el control territorial es mucho más amplio que los terrenos que directamente conciernen a la extracción y que aparecen en la propaganda corporativa de esas multinacionales. En efecto, en La Colosa se dice que se afectaran 515 hectáreas, pero en realidad estamos hablando de miles de hectáreas de la despensa agrícola del país que van a ser convertidas en un gigantesco boquete, sucio y contaminado, lo que supone la destrucción de complejos ecosistemas, la contaminación de más de 150 corrientes de agua, y el desalojo de miles de campesinos, en un lugar que va a quedar destruido por cientos o miles de años.
Todo lo que hacen las dos empresas cuenta con el aval y el respaldo del Estado colombiano y de buena parte de las clases dominantes, como puede verse con hechos elementales, pero reveladores: la Pacific Rubialesdesarrolla una agresiva campaña de propaganda, en la que ha invertido miles de millones de pesos –se dice que esa suma puede llegar a 30 mil millones- en lavar su imagen y presentarse como una entidad que representa a Colombia, hasta el punto que se convirtió en patrocinadora de la Selección de Fútbol. El día en que se protocolizó ese hecho vergonzoso, que indica que la camiseta de esa selección está untada de sangre, el régimen de Santos se encargó de presentarlo como un gran logro para el país. Esto parecería secundario, pero es importante si se tiene en cuenta que la Pacific Rubiales fue denunciada por el maltrato y la superexplotación a que somete a sus trabajadores, en lo que cuenta con todo el respaldo del Estado colombiano, que le proporciona ejército y policía para reprimir a quienes se atrevan a protestar contra esa empresa.
En general esas relaciones entre el Estado y las empresas con cordiales, porque el primero parte de la lógica que todo lo que involucre al capital extranjero es benéfico para el país y debe permitírsele que haga lo que se le venga en gana. Por eso, cuida y protege a esas empresas, les proporciona todo tipo de exenciones y descuentos tributarios, y legisla para favorecerlo en forma directa.
Pueden existir algunas disputas menores y coyunturales, como la presentada entre Ecopetrol y la Pacific Rubialesen torno al campo Quifa, en el Meta, más exactamente en lo relativo a la participación de la empresa estatal luego de alcanzar la cifra acumulada de cinco millones de barriles, lo que la multinacional alegaba que se debía considerar no a partir de la cantidad total sino del 60 por ciento que a ella le corresponde, según el contrato establecido.
Pero estas disputas son más bien excepcionales y de menor importancia, porque en lo esencial el Estado es un peón al servicio del imperialismo y de sus empresas, y toda su política está destinada a presentarse como el “alumno más aventajado de la clase”, es decir, el que siempre está dispuesto a dar lo que sea sin contraprestación alguna. Esto que afirmamos no es algo retórico, sino terriblemente real, como lo ha demostrado una reciente investigación de la Contraloría General de la Nación que se titula Minería en Colombia: fundamentos para superar el modelo extractivista, en donde se dice que en el período comprendido “entre 2005 y 2010 las empresas mineras pagaron en promedio $878 mil millones anuales por concepto del impuesto a la renta. Pero durante el mismo período tuvieron deducciones, descuentos y exenciones que representaron un gasto tributario para el país de $1,78 billones. Es decir, por cada $100 efectivamente pagados por este concepto, las empresas mineras tuvieron descuentos que terminaron representando pérdidas para el Estado de más de $200”. En otras palabras, por cada peso que pagan esas empresas multinacionales, el Estado les concede dos, que provienen de los dineros que los habitantes comunes y corrientes le pagamos al Estado por concepto de impuestos. Este hecho, que no puede ser más infame, en términos directos quiere decir que las ETN vienen a un territorio de Colombia, expulsan a las comunidades que allí habitan, destruyen los ecosistemas, contaminan las aguas, dejan luego de pocos años un tremendo cráter de miseria y destrucción, y aparte de todo les pagamos para que hagan todo eso. Con esto que ha dicho la Contraloría se pone de presente que no es cierto aquel mito que repite el Estado, sus voceros y todos los defensores de la minería, que la inversión extranjera en ese rubro permite acumular dinero que se invierte en el desarrollo del país. Esto es una falacia, porque ni siquiera es verdad que la explotación minera le proporcione ingresos de dinero al país, ya que con las exenciones tributaria y rebaja de impuestos, les estamos pagando para que se lleven todo, incluyendo las ganancias monetarias de su actividad, además de que nos dejan la destrucción y la miseria que caracteriza a las economías extractivas.
4. Tanto Pacific Rubiales como AngloGold Ashanti han enfrentado considerable resistencia en sus respectivos proyectos... por una parte, Pacific Rubiales ha enfrentado las protestas de los trabajadores petroleros en Puerto Gaitán debido a las condiciones deplorables de trabajo. Por su parte, la AngloGold ha enfrentado un contundente y consistente rechazo por parte de la comunidad en el departamento de Tolima, ejemplificada en la consulta popular de Piedras y en las marcha-carnaval realizadas en defensa del agua y la vida... ¿cree usted que esta respuesta social puede constituir un freno a estas locomotoras descarriadas del gobierno santista?
La explotación minera es una actividad muy desprestigiada, con sobrada razón, en las zonas rurales, porque las comunidades entienden en forma directa lo que implica abrir una mina a cielo abierto, como es claro en el caso de Colombia con la extracción de carbón en la Guajira, al norte del país. Y cuando se inician las actividades extractivas los trabajadores experimentan en carne propia la explotación y la discriminación, lo cual por lo demás revive las tristemente célebres condiciones de los enclaves de comienzos del siglo XX.
Por esa comprensión de lo que significa el modelo extractivista, en el Tolima, Santander, Cauca, los Llanos Orientales y otros lugares de Colombia se han presentado notables protestas y la gente se ha organizado de múltiples formas para enfrentar la “locomotora minera”. Entre esas luchas se destacan las dos que se mencionan en la pregunta. Las dos hacen parte de un mismo proyecto, aunque tienen sentidos diferentes. Me refiero a que los trabajadores petroleros pueden estar interesados en mejorar las condiciones de trabajo, sin cuestionar la misma extracción de petróleo, y las organizaciones laborales, como la Unión Sindical Obrera (USO) propenden por la nacionalización de los hidrocarburos y su explotación por parte del Estado, mientras que las comunidades locales, campesinas e indígenas, lo que quieren es que no sean extraídos esos bienes comunes de las entrañas de la tierra. Esto último es lo que se expresa en forma clara en la lucha de los pobladores de El Tolima, que saben lo que implica la apertura de una descomunal mina de oro. Por eso, llevan años denunciando ese crimen social y ambiental, como lo ratificaron en la consulta de Piedras, donde el 99% de los votantes dijeron no a la AngloGold Ashanti. Ahora bien, el sentimiento de la gente de las comarcas no es el mismo de las clases dominantes, tanto a escala regional como nacional, que quieren y necesitan la explotación minera para llenarse los bolsillos con las regalías y las prebendas que de allí se desprenden.
Esto explica que cuando se presentaron la movilización de los trabajadores de la Pacific Rubiales por mejorar sus condiciones de trabajo, tanto los voceros del Estado, como la “gran prensa” y las clases dominantes pusieron el grito en el cielo y clamaron porque se reprimiera y acallara a esos “voceros del terrorismo”, que se atrevieron a solicitar que se les concedieran habitaciones limpias, sanitarios adecuados, que se les diera una copia del contrato que firmaran, que la compañía los reconociera como trabajadores, etcétera. En este país, como se sabe, defender sus derechos y tener un cierto aire de dignidad es considerado como propio del “terrorismo”, como ahora se califica cualquier reivindicación social o económica.
Algo similar está sucediendo con la Consulta de Piedras, la que fue desautorizada por la Procuraduría desde cuando fue convocada, y desde antes que se conocieran los resultados, el Estado central puso en duda su legitimidad y ha dicho que no la reconocería. Eso es lo que avanza en estos momentos, puesto que se ha sabido en los últimos días que el Consejo Municipal de Piedras no la va a aceptar y si allí se aprobara es muy dudoso que fuera admitida por el Estado central, en la medida que eso es un antecedente inaceptable para la locomotora santista.
Con una decisión de ese estilo queda claro que en Colombia la democracia es una cuestión retórica, porque cuando las propias comunidades acuden a mecanismos de participación directa para defender sus intereses, esos mecanismos son desconocidos. Eso se evidencia con las modificaciones que se están introduciendo para desconocer el mecanismo de consulta previa a las comunidades, que siempre en la práctica ha sido una especie de saludo a la bandera, sin implicaciones reales que impidan la explotación minera.
Todo esto indica, en consecuencia, la necesidad por parte de las comunidades y de todos los interesados en enfrentar la minería, de no bajar la guardia y de mantener la organización, movilización y lucha directa contra ese proyecto criminal.
5. ¿Cuál es el valor político que este juicio ético puede tener en la actual coyuntura colombiana?
Este juicio señala la emergencia de otro tipo de justicia, de raigambre popular y comunitaria, que juzga los delitos corporativos de las multinacionales, en los que se incluyen los crímenes ambientales, laborales, étnicos, la mayor parte de los cuales ni siquiera son considerados como tales. Y también se juzga a esas corporaciones por su participación directa en el despojo, mediante la financiación y patrocinio de grupos paramilitares, que persiguen y asesinan a todo aquel que se atreva a denunciar y enfrentar el poder de las empresas. Pero también es un juicio al Estado colombiano y las clases dominantes (terratenientes, banqueros, exportadores, importadores, agroindustriales…), porque ellas son coparticipes y cómplices de las ETN, como se demuestra con lo que en estos momentos acontece en la altillanura del Orinoco, con el inmenso robo de baldíos, en conjunción orquestada deRiopaila, Manuelita, los grupos Santo Domingo y Sarmiento Angulo, y multinacionales como Carguill y Fazenda.
En este sentido, puede decirse que este juicio es una muestra de independencia y dignidad cuyo veredicto condenatorio tiene un valor pedagógico y simbólico, y puede constituirse en la base de un juicio internacional, con implicaciones penales, para esas multinacionales. Pero incluso en ese terreno no hay que hacerse muchas ilusiones, si se tiene en cuenta el poder real de esas empresas, que son defendidas por los Estados imperialistas y por los Estados periféricos, con muy contadas excepciones.
El juicio tiene un carácter educativo, que ayuda a la toma de conciencia y a la movilización, siendo un eslabón importante en la lucha contra la minería, que apenas comienza. En ese contexto, es de destacar que todas las intervenciones que se hicieron fueron bastante claras y sustentadas, y se mostraba el conocimiento y la convicción de los participantes sobre la gravedad de la explotación minera. Dio gusto, por ejemplo, ver a trabajadores del petróleo, de la minería, o a campesinos e indígenas disertar con propiedad sobre el tema y manifestar con argumentos claros las razones que los llevan a denunciar el despojo y a defender sus territorios y los bienes comunes.
6. Por último, usted, como intelectual, ha desarrollado reflexiones en torno al modelo neoliberal colombiano caracterizándolo como un capitalismo gangsteril... ¿cree que los resultados del juicio ético validan esta categoría y es, acaso, la situación de estas dos multinacionales sintomática de fenómenos políticos y económicos más profundos?
Si, por supuesto, que la forma como operan las multinacionales es típica de una mafia corporativa propia del capitalismo gangsteril de nuestros días, del cual es modelo prototípico el capitalismo colombiano. Esto se inscribe en la lógica de acumulación por desposesión que se implementa en estos momentos en diversos lugares del mundo, como Colombia, y se sustenta en el destierro forzado y violento de los habitantes de sus territorios ancestrales; en la ocupación militar y paramilitar de esos territorios; en la conversión de esos lugares en enclaves que son manejados por las ETN y donde se produce no para el mercado interno sino para el mercado mundial; en la imposición del “orden corporativo”, donde no se puede ni se debe pensar ni protestar, porque quien lo haga es presentado como enemigo de la “inversión extranjera” y pronto acallado. También hay que recalcar que tras todos esos procesos de despojo se encuentra el capital financiero y los grandes bancos y grupos corporativos del país, como se ejemplifica en la rapiña de los baldíos en el país, de la que se lucran los verdaderos dueños de este país. Todo esto se hace con una violencia inaudita, que convierte a Colombia, como lo he mostrado en algunos estudios, en un inmenso enclave –donde los colombianos humildes son extranjeros en su propia tierra- y en un gran cementerio, porque se mata a todo aquel que piense distinto.
Para completar, este tipo de capitalismo gangsteril que caracteriza a la lumpenburguesía criolla (y nunca el término fue tan preciso, porque se refiere a una clase esencialmente criminal, de una parte, y ligada como una fracción compradora, al capital internacional, mediante la venta de materias primas), se ha legitimado mediante una lógica traqueta, en la que se han convertido en héroes, a través de la televisión, a los grandes criminales, de Pablo Escobar en adelante. Esto no es raro, porque, al fin y al cabo, los grandes capos y paramilitares siempre han operado como emisarios y testaferros del capital, enemigos acérrimos de todo lo que huela a anticapitalismo, y por eso son defendidos como baluartes de la sagrada propiedad privada, por parte de periodistas, académicos y políticos de extrema derecha. Todos ellos, al mismo tiempo, son los voceros de las multinacionales, y muchos de ellos están incluidos en la “puerta giratoria” del Estado a las multinacionales, pues aquellos que ejercen algún cargo de importancia en la administración estatal, al poco tiempo pasan a convertirse en gerentes, asesores o apoderados de las multinacionales, a las que les han servido desde sus cargos oficiales, con diversos favores que luego les recompensan esas ETN con un plato de lentejas, que puede estar representado en millones de dólares, pero que frente a sus ganancias son insignificantes.
La audiencia pública en la que se juzgaron a las multinacionales mencionadas, que se efectuó en la ciudad de Bogotá durante los días 16-18 de agosto, fue un hecho más de un prolongado esfuerzo que han efectuado varias organizaciones sociales y gremiales durante varios años. Como parte de este proceso se destacan la realización de audiencias regionales previas, en el sur de Bolívar y en Puerto Gaitán, en donde los habitantes locales, los más directa e inmediatamente afectados, proporcionaron testimonio y suministraron pruebas sobre el comportamiento criminal de las multinacionales en cuestión. Al mismo tiempo, con la realización de las audiencias, otro grupo de personas se encargó de adelantar labores de recolección de información y acopió de documentación con miras a reunir elementos que permitieran tener una visión integral sobre la actuación e impacto de las Empresas Transnacionales (ETN) en territorio colombiano.
Participé en la última jornada del juicio ético por la invitación que me hicieron los organizadores a proporcionar un testimonio analítico sobre el comportamiento de las multinacionales en Colombia. Esta invitación resultó de mi experiencia previa en el estudio histórico sobre las luchas de los trabajadores petroleros, de la publicación reciente del libro Capitalismo y Despojo y de mi labor educativa, en la cual siempre he señalado las características nefastas que tienen para los pobres de nuestro país la explotación minera y petrolera y la catástrofe ambiental que esto genera.
En concreto, los organizadores me solicitaron que me refiriera al papel que desempeña el Estado colombiano en el proceso de despojo, como soporte de las ETN. En mi intervención sostuve que había que romper con el mito que nos dice que en esta época los Estados tienen un papel nulo en los procesos de acumulación de capital y despojo, y son las ETN los sujetos protagónicos y activos. En contra de este prejuicio indique que los Estados, tanto los de los lugares de procedencia de las empresas, como los de los territorios a donde éstas llegan, son indispensables para garantizar el funcionamiento de las mismas. Esto se ejemplifica en los ámbitos jurídico, laboral, represivo e ideológico con la promulgación de leyes favorables a la inversión extranjera, con la protección militar de las empresas y la represión a los trabajadores y pobladores locales, con la implementación de la flexibilización laboral y la persecución de los sindicatos, con una campaña de propaganda y publicidad para lavar la imagen de las empresas y presentar a la locomotora minera como un instrumento de prosperidad y bienestar para el país.
2. ¿Cuáles fueron las principales constataciones de este juicio ético?
Durante las tres jornadas del juicio se presentaron innumerables pruebas y testimonios, por parte de todos aquellos que se han visto perjudicados y afectados en forma directa por la acción de la Pacific Rubiales y laAngloGold Ashanti, así como por investigadores independientes que han estudiado el asunto, tanto a escala nacional, como a nivel local y regional. En una forma sistemática se fueron presentando testimonios, análisis y descripciones de campesinos, indígenas, trabajadores y pobladores de las regiones en donde vienen operando las multinacionales en cuestión. Así mismo, el Fiscal del Juicio Ético y Político, el dirigente sindical Francisco Ramírez, presentó un pormenorizado pliego de cargos contra esas multinacionales, en donde enumeró, sistematizó y precisó los actos criminales, en cuanto al patrocinio y financiación de grupos paramilitares, la tortura y asesinato a que se han visto sometidas personas y trabajadores que han denunciado a las empresas, la destrucción ambiental y de los ecosistemas, el terror laboral, las mentiras corporativas, entre otros aspectos.
Hay que resaltar también que varios testimonios fueron profundamente desgarradores, tanto por las dolorosas experiencias personales que se revelaron, como por la impunidad criminal de las empresas y del Estado. En ese sentido, para señalar solamente un caso, se relató el asesinato de Alejandro Uribe Chacón, dirigente sindical, líder campesino y presidente de la Junta de Acción Comunal de Mina Gallo (Morales, sur de Bolívar), fue asesinado por el Ejército el 19 de septiembre de 2006.
Todos estos señalamientos se recogen en la condena a esas ETN por parte del cuerpo colegiado que estudio pruebas y testimonios, y que elaboró un importante documento.
3. Ambas empresas son poderes importantes en Colombia, verdaderos Estados en otro Estado. Por citar sólo un ejemplo, la AngloGold Ashanti tiene por lo menos 410 títulos mineros en Colombia -391 directos, 19 a través de ‘Exploraciones Chocó Colombia S.A.S.’-, controlando así, al menos, una extensión de 821.087 hectáreas de territorio nacional. ¿Describiría usted la relación de estas empresas con el Estado como cordial o existirían conflictos puntuales debido al control tan extenso que estas empresas tienen en el país?
Para las dos empresas es importante Colombia, aún más para la Pacific Rubiales nuestro país es crucial porque aquí desarrolla sus principales actividades, hasta el punto que hoy extrae algo más de una cuarta parte del petróleo que se exporta desde este país. Por su parte, para la AngloGold Ashanti, una empresa minera con inversiones en varios continentes, sus inversiones en Colombia son de primer orden en varios lugares del territorio nacional, pero especialmente en la región de Cajamarca (Tolima), en el sur de Bolívar y en Gramalote. La mina La Colosa, en el Tolima, se ha convertido en uno de los principales proyectos de extracción de oro del mundo y, de concretarse tan demencial propuesta, será una de las minas de oro a cielo abierto más inmensas de todo el planeta.
Ambas empresas participan en la feria de títulos mineros que se impulsa desde el Estado, y en la que se está cediendo todo el territorio nacional, de sur a norte y de oriente a occidente, en los páramos, en la selva, en la Orinoquia, en la zona andina, en la costa y en los mares. Al respecto puede señalarse que en los lugares donde se adelantan las explotaciones más nombradas de las dos empresas, en Cajamarca y en Puerto Gaitán, el control territorial es mucho más amplio que los terrenos que directamente conciernen a la extracción y que aparecen en la propaganda corporativa de esas multinacionales. En efecto, en La Colosa se dice que se afectaran 515 hectáreas, pero en realidad estamos hablando de miles de hectáreas de la despensa agrícola del país que van a ser convertidas en un gigantesco boquete, sucio y contaminado, lo que supone la destrucción de complejos ecosistemas, la contaminación de más de 150 corrientes de agua, y el desalojo de miles de campesinos, en un lugar que va a quedar destruido por cientos o miles de años.
Todo lo que hacen las dos empresas cuenta con el aval y el respaldo del Estado colombiano y de buena parte de las clases dominantes, como puede verse con hechos elementales, pero reveladores: la Pacific Rubialesdesarrolla una agresiva campaña de propaganda, en la que ha invertido miles de millones de pesos –se dice que esa suma puede llegar a 30 mil millones- en lavar su imagen y presentarse como una entidad que representa a Colombia, hasta el punto que se convirtió en patrocinadora de la Selección de Fútbol. El día en que se protocolizó ese hecho vergonzoso, que indica que la camiseta de esa selección está untada de sangre, el régimen de Santos se encargó de presentarlo como un gran logro para el país. Esto parecería secundario, pero es importante si se tiene en cuenta que la Pacific Rubiales fue denunciada por el maltrato y la superexplotación a que somete a sus trabajadores, en lo que cuenta con todo el respaldo del Estado colombiano, que le proporciona ejército y policía para reprimir a quienes se atrevan a protestar contra esa empresa.
En general esas relaciones entre el Estado y las empresas con cordiales, porque el primero parte de la lógica que todo lo que involucre al capital extranjero es benéfico para el país y debe permitírsele que haga lo que se le venga en gana. Por eso, cuida y protege a esas empresas, les proporciona todo tipo de exenciones y descuentos tributarios, y legisla para favorecerlo en forma directa.
Pueden existir algunas disputas menores y coyunturales, como la presentada entre Ecopetrol y la Pacific Rubialesen torno al campo Quifa, en el Meta, más exactamente en lo relativo a la participación de la empresa estatal luego de alcanzar la cifra acumulada de cinco millones de barriles, lo que la multinacional alegaba que se debía considerar no a partir de la cantidad total sino del 60 por ciento que a ella le corresponde, según el contrato establecido.
Pero estas disputas son más bien excepcionales y de menor importancia, porque en lo esencial el Estado es un peón al servicio del imperialismo y de sus empresas, y toda su política está destinada a presentarse como el “alumno más aventajado de la clase”, es decir, el que siempre está dispuesto a dar lo que sea sin contraprestación alguna. Esto que afirmamos no es algo retórico, sino terriblemente real, como lo ha demostrado una reciente investigación de la Contraloría General de la Nación que se titula Minería en Colombia: fundamentos para superar el modelo extractivista, en donde se dice que en el período comprendido “entre 2005 y 2010 las empresas mineras pagaron en promedio $878 mil millones anuales por concepto del impuesto a la renta. Pero durante el mismo período tuvieron deducciones, descuentos y exenciones que representaron un gasto tributario para el país de $1,78 billones. Es decir, por cada $100 efectivamente pagados por este concepto, las empresas mineras tuvieron descuentos que terminaron representando pérdidas para el Estado de más de $200”. En otras palabras, por cada peso que pagan esas empresas multinacionales, el Estado les concede dos, que provienen de los dineros que los habitantes comunes y corrientes le pagamos al Estado por concepto de impuestos. Este hecho, que no puede ser más infame, en términos directos quiere decir que las ETN vienen a un territorio de Colombia, expulsan a las comunidades que allí habitan, destruyen los ecosistemas, contaminan las aguas, dejan luego de pocos años un tremendo cráter de miseria y destrucción, y aparte de todo les pagamos para que hagan todo eso. Con esto que ha dicho la Contraloría se pone de presente que no es cierto aquel mito que repite el Estado, sus voceros y todos los defensores de la minería, que la inversión extranjera en ese rubro permite acumular dinero que se invierte en el desarrollo del país. Esto es una falacia, porque ni siquiera es verdad que la explotación minera le proporcione ingresos de dinero al país, ya que con las exenciones tributaria y rebaja de impuestos, les estamos pagando para que se lleven todo, incluyendo las ganancias monetarias de su actividad, además de que nos dejan la destrucción y la miseria que caracteriza a las economías extractivas.
4. Tanto Pacific Rubiales como AngloGold Ashanti han enfrentado considerable resistencia en sus respectivos proyectos... por una parte, Pacific Rubiales ha enfrentado las protestas de los trabajadores petroleros en Puerto Gaitán debido a las condiciones deplorables de trabajo. Por su parte, la AngloGold ha enfrentado un contundente y consistente rechazo por parte de la comunidad en el departamento de Tolima, ejemplificada en la consulta popular de Piedras y en las marcha-carnaval realizadas en defensa del agua y la vida... ¿cree usted que esta respuesta social puede constituir un freno a estas locomotoras descarriadas del gobierno santista?
La explotación minera es una actividad muy desprestigiada, con sobrada razón, en las zonas rurales, porque las comunidades entienden en forma directa lo que implica abrir una mina a cielo abierto, como es claro en el caso de Colombia con la extracción de carbón en la Guajira, al norte del país. Y cuando se inician las actividades extractivas los trabajadores experimentan en carne propia la explotación y la discriminación, lo cual por lo demás revive las tristemente célebres condiciones de los enclaves de comienzos del siglo XX.
Por esa comprensión de lo que significa el modelo extractivista, en el Tolima, Santander, Cauca, los Llanos Orientales y otros lugares de Colombia se han presentado notables protestas y la gente se ha organizado de múltiples formas para enfrentar la “locomotora minera”. Entre esas luchas se destacan las dos que se mencionan en la pregunta. Las dos hacen parte de un mismo proyecto, aunque tienen sentidos diferentes. Me refiero a que los trabajadores petroleros pueden estar interesados en mejorar las condiciones de trabajo, sin cuestionar la misma extracción de petróleo, y las organizaciones laborales, como la Unión Sindical Obrera (USO) propenden por la nacionalización de los hidrocarburos y su explotación por parte del Estado, mientras que las comunidades locales, campesinas e indígenas, lo que quieren es que no sean extraídos esos bienes comunes de las entrañas de la tierra. Esto último es lo que se expresa en forma clara en la lucha de los pobladores de El Tolima, que saben lo que implica la apertura de una descomunal mina de oro. Por eso, llevan años denunciando ese crimen social y ambiental, como lo ratificaron en la consulta de Piedras, donde el 99% de los votantes dijeron no a la AngloGold Ashanti. Ahora bien, el sentimiento de la gente de las comarcas no es el mismo de las clases dominantes, tanto a escala regional como nacional, que quieren y necesitan la explotación minera para llenarse los bolsillos con las regalías y las prebendas que de allí se desprenden.
Esto explica que cuando se presentaron la movilización de los trabajadores de la Pacific Rubiales por mejorar sus condiciones de trabajo, tanto los voceros del Estado, como la “gran prensa” y las clases dominantes pusieron el grito en el cielo y clamaron porque se reprimiera y acallara a esos “voceros del terrorismo”, que se atrevieron a solicitar que se les concedieran habitaciones limpias, sanitarios adecuados, que se les diera una copia del contrato que firmaran, que la compañía los reconociera como trabajadores, etcétera. En este país, como se sabe, defender sus derechos y tener un cierto aire de dignidad es considerado como propio del “terrorismo”, como ahora se califica cualquier reivindicación social o económica.
Algo similar está sucediendo con la Consulta de Piedras, la que fue desautorizada por la Procuraduría desde cuando fue convocada, y desde antes que se conocieran los resultados, el Estado central puso en duda su legitimidad y ha dicho que no la reconocería. Eso es lo que avanza en estos momentos, puesto que se ha sabido en los últimos días que el Consejo Municipal de Piedras no la va a aceptar y si allí se aprobara es muy dudoso que fuera admitida por el Estado central, en la medida que eso es un antecedente inaceptable para la locomotora santista.
Con una decisión de ese estilo queda claro que en Colombia la democracia es una cuestión retórica, porque cuando las propias comunidades acuden a mecanismos de participación directa para defender sus intereses, esos mecanismos son desconocidos. Eso se evidencia con las modificaciones que se están introduciendo para desconocer el mecanismo de consulta previa a las comunidades, que siempre en la práctica ha sido una especie de saludo a la bandera, sin implicaciones reales que impidan la explotación minera.
Todo esto indica, en consecuencia, la necesidad por parte de las comunidades y de todos los interesados en enfrentar la minería, de no bajar la guardia y de mantener la organización, movilización y lucha directa contra ese proyecto criminal.
5. ¿Cuál es el valor político que este juicio ético puede tener en la actual coyuntura colombiana?
Este juicio señala la emergencia de otro tipo de justicia, de raigambre popular y comunitaria, que juzga los delitos corporativos de las multinacionales, en los que se incluyen los crímenes ambientales, laborales, étnicos, la mayor parte de los cuales ni siquiera son considerados como tales. Y también se juzga a esas corporaciones por su participación directa en el despojo, mediante la financiación y patrocinio de grupos paramilitares, que persiguen y asesinan a todo aquel que se atreva a denunciar y enfrentar el poder de las empresas. Pero también es un juicio al Estado colombiano y las clases dominantes (terratenientes, banqueros, exportadores, importadores, agroindustriales…), porque ellas son coparticipes y cómplices de las ETN, como se demuestra con lo que en estos momentos acontece en la altillanura del Orinoco, con el inmenso robo de baldíos, en conjunción orquestada deRiopaila, Manuelita, los grupos Santo Domingo y Sarmiento Angulo, y multinacionales como Carguill y Fazenda.
En este sentido, puede decirse que este juicio es una muestra de independencia y dignidad cuyo veredicto condenatorio tiene un valor pedagógico y simbólico, y puede constituirse en la base de un juicio internacional, con implicaciones penales, para esas multinacionales. Pero incluso en ese terreno no hay que hacerse muchas ilusiones, si se tiene en cuenta el poder real de esas empresas, que son defendidas por los Estados imperialistas y por los Estados periféricos, con muy contadas excepciones.
El juicio tiene un carácter educativo, que ayuda a la toma de conciencia y a la movilización, siendo un eslabón importante en la lucha contra la minería, que apenas comienza. En ese contexto, es de destacar que todas las intervenciones que se hicieron fueron bastante claras y sustentadas, y se mostraba el conocimiento y la convicción de los participantes sobre la gravedad de la explotación minera. Dio gusto, por ejemplo, ver a trabajadores del petróleo, de la minería, o a campesinos e indígenas disertar con propiedad sobre el tema y manifestar con argumentos claros las razones que los llevan a denunciar el despojo y a defender sus territorios y los bienes comunes.
6. Por último, usted, como intelectual, ha desarrollado reflexiones en torno al modelo neoliberal colombiano caracterizándolo como un capitalismo gangsteril... ¿cree que los resultados del juicio ético validan esta categoría y es, acaso, la situación de estas dos multinacionales sintomática de fenómenos políticos y económicos más profundos?
Si, por supuesto, que la forma como operan las multinacionales es típica de una mafia corporativa propia del capitalismo gangsteril de nuestros días, del cual es modelo prototípico el capitalismo colombiano. Esto se inscribe en la lógica de acumulación por desposesión que se implementa en estos momentos en diversos lugares del mundo, como Colombia, y se sustenta en el destierro forzado y violento de los habitantes de sus territorios ancestrales; en la ocupación militar y paramilitar de esos territorios; en la conversión de esos lugares en enclaves que son manejados por las ETN y donde se produce no para el mercado interno sino para el mercado mundial; en la imposición del “orden corporativo”, donde no se puede ni se debe pensar ni protestar, porque quien lo haga es presentado como enemigo de la “inversión extranjera” y pronto acallado. También hay que recalcar que tras todos esos procesos de despojo se encuentra el capital financiero y los grandes bancos y grupos corporativos del país, como se ejemplifica en la rapiña de los baldíos en el país, de la que se lucran los verdaderos dueños de este país. Todo esto se hace con una violencia inaudita, que convierte a Colombia, como lo he mostrado en algunos estudios, en un inmenso enclave –donde los colombianos humildes son extranjeros en su propia tierra- y en un gran cementerio, porque se mata a todo aquel que piense distinto.
Para completar, este tipo de capitalismo gangsteril que caracteriza a la lumpenburguesía criolla (y nunca el término fue tan preciso, porque se refiere a una clase esencialmente criminal, de una parte, y ligada como una fracción compradora, al capital internacional, mediante la venta de materias primas), se ha legitimado mediante una lógica traqueta, en la que se han convertido en héroes, a través de la televisión, a los grandes criminales, de Pablo Escobar en adelante. Esto no es raro, porque, al fin y al cabo, los grandes capos y paramilitares siempre han operado como emisarios y testaferros del capital, enemigos acérrimos de todo lo que huela a anticapitalismo, y por eso son defendidos como baluartes de la sagrada propiedad privada, por parte de periodistas, académicos y políticos de extrema derecha. Todos ellos, al mismo tiempo, son los voceros de las multinacionales, y muchos de ellos están incluidos en la “puerta giratoria” del Estado a las multinacionales, pues aquellos que ejercen algún cargo de importancia en la administración estatal, al poco tiempo pasan a convertirse en gerentes, asesores o apoderados de las multinacionales, a las que les han servido desde sus cargos oficiales, con diversos favores que luego les recompensan esas ETN con un plato de lentejas, que puede estar representado en millones de dólares, pero que frente a sus ganancias son insignificantes.
lunes, 6 de enero de 2014
Leer más...
Injerencia de la CIA en contubernio con el Estado colombiano ¡Primero se cae un mentiroso que un cojo!
Renán Vega Cantor
En un informe publicado el 21 de diciembre The Washington Post revela la existencia de un plan secreto de la CIA, en estrecha alianza con los regímenes de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) y Juan Manuel Santos (2010 -¿?) , como resultado del cual han sido asesinados decenas de combatientes de las FARC en los últimos años. Las revelaciones del diario estadounidense han desnudado las mentiras que se vienen propalando por parte de los voceros de los regímenes mencionados, incluyendo a la “Gran Prensa”. Señalemos algunas de esas mentiras, que han quedado en evidencia con la información que se reveló en los Estados Unidos
PRIMERA MENTIRA: Las fuerzas armadas del Estado colombiano han propinado duros golpes a la insurgencia por sus propios medios y sin contar con la participación de Estados Unidos y otros países imperialistas.
Desde el año 2002 se viene repitiendo de manera monótona por parte de las fuerzas militares y todos sus propagandistas que sus “éxitos” se han logrado gracias a sus propios esfuerzos y hasta la fecha se había negado que hubiera una participación directa de la CIA y de los Estados Unidos en la realización de operativos sobre el terreno, aunque se reconociera la “ayuda militar” del imperio. Sin embargo, ese lo desmiente la información del Washington Post, en donde se indica que la CIA puso en práctica un plan secreto que se desarrolló desde Bogotá no sólo con labores de inteligencia, sino con la confección de un plan que llevó a la utilización de bombas guiadas por un GPS de 500 libras, las cuales se vienen empleando en Colombia por parte del Ejército desde hace varios años, y que han masacrado a decenas de combatientes de la insurgencia. El informe sostiene que
Horas después de conocerse el informe del periódico de los Estados Unidos, Gabriel Silva Lujan, ministro de Defensa (sic) en el gobierno de Uribe Vélez y ex embajador en los Estados Unidos, sostuvo sin pestañear: "Los colombianos manejan sus Fuerzas Armadas de manera soberana y la verdad es que todas las operaciones fueron diseñadas con colaboración pero ejecutadas totalmente por colombianos"ii. Como es obvio, en medio de estas informaciones tan opuestas, hay que creerle al dueño del circo y no a uno de los payasos.
SEGUNDA MENTIRA: En el ataque a Ecuador no participaron los Estados Unidos.
Cuando se realizó el aleve ataque a Sucumbíos, Ecuador, en la noche del primero de marzo de 2008, el régimen uribista y todos sus corifeos señalaron que ese hecho había sido planeado y ejecutado por miembros de las fuerzas armadas de Colombia y, de ninguna manera, habían participación los Estados Unidos. Tanto en Ecuador como en otros lugares del continente esa versión fue cuestionada por ser poco verosímil, y se aseguró con fundamento que en una operación de tal envergadura -como la que se efectuó para asesinar a 26 personas que estaban en territorio ecuatoriano-, por el procedimiento y la maquinaria de guerra que se utilizó, solo se había podido realizar con la participación de los Estados Unidos. Ese mismo señalamiento fue el que en reiteradas ocasiones realizó el presidente Rafael Correa, aunque ahora haya sido demasiado blando al conocer la noticia del Washington Post sobre la magnitud de la intervención de Estados Unidos, tal vez por aquello de que su gobierno es cada vez menos de izquierda y anda en “buenas relaciones” con el gobierno de Juan Manuel Santos, personaje que es responsable directo de la matanza de Sucumbíos.
En el momento de ese cobarde ataque, el régimen uribista y sus amos de Washington negaron que los Estados Unidos tuvieran algo que ver con la masacre., pero con la información que ha revelado The Washington Post queda en evidencia la participación directa del imperialismo estadounidense. Al respecto el periódico precisa:
TERCERA MENTIRA: La doctrina de la “soberanía limitada” y la defensa preventiva que salió a relucir después del ataque contra Ecuador, se fraguó durante el régimen de la (in)Seguridad (anti)Democrática.
Esta afirmación baladí que también se difundió en forma masiva después del primero de marzo de 2008 con el fin de justificar el crimen de Angosturas y de preparar similares ataques contra Venezuela, no podía ser creída por alguien que estuviera medianamente informado, que entendía que esa doctrina simplemente era “nazismo reciclado” por varios presidentes de los Estados Unidos, y en forma más reciente por George Bush II y sus halcones, después del 11 de septiembre de 2001. No obstante, el uribismo y sus áulicos se dieron a la tarea, para justificar a posteriori la masacre de Sucumbíos, de decir que habían recurrido a la “legítima defensa” preventiva contra un enemigo que se escondía en un país vecino, a cuyo gobierno además acusaron de ser cómplice del “terrorismo”. No faltaron incluso los “analistas” y abogados que recurrieron a las más extrañas cabriolas jurídicas para explicar la agresión del Estado colombiano, e incluso llegaron a decir que simplemente se estaba aplicando la Resolución No. 1373 de la ONU, que fue aprobada después del 11 de septiembre de 2001.
Pero veamos lo que dice, en sentido contrario, la información del Washington Post:
La disculpa, si bien calmó las relaciones en América Latina, enfadó al pequeño círculo de oficiales estadounidenses que conocían la historia detrás, uno de ellos dijo: ‘Recuerdo haber pensado: no puedo creer que estén diciendo esto’, ‘Para ellos era una locura renunciar a una importante argumentación legal’"iv.
Queda claro que los gobernantes de Colombia son tan abyectos que ni siquiera son capaces de inventarse una justificación propia, sino que necesitan que las excusas se las fabriquen desde los Estados Unidos, para que luego personajes de “inteligencia superior” -como se autoproclamaba el individuo que es responsable directo de la masacre de sucumbíos- y todos sus plumíferos repitieran el mismo argumento que se había fraguado en los círculos del Pentágono y la CIA. En otros términos, la mentalidad colonial llega hasta tal punto, que ni siquiera son capaces de hilar una argumentación propia y original, sino que se limitan a repetir el guion que les envían los amos imperialistas. ¡Un comportamiento por lo demás típico de los cipayos!
CUARTA MENTIRA: Nunca han existido operaciones secretas en Colombia.
Ahora que desde los Estados Unidos se ha revelado lo que es, sin duda alguna, un plan secreto y criminal propio del terrorismo de Estado Made in USA en alianza con sus incondicionales lacayos de Colombia, todos a una, en coro, como si fueran papagayos amaestrados, han salido a reconocer que desde siempre han existido acuerdos de este tipo con el imperialismo del norte. Al respecto Andrés Pastrana Arango quien fuera presidente entre 1998-2002 señaló:
Lo significativo de esta declaración es que lo dice quien firmó el Plan Colombia, del que se repitió hasta la saciedad, en el momento en que existía la zona de distensión en El Caguán, que sus recursos económicos y militares no se iban a destinar a la lucha contrainsurgente. Pastrana viene a reconocer, casi quince años después, que los dineros de ese Plan Colombia si tenían un propósito antisubversivo. Otra mentira más que cobija la impunidad de los delincuentes de cuello blanco que gobiernan este país.
Por su parte, otro expresidente, Álvaro Uribe Vélez, “admitió que durante su Gobierno el país recibió ayuda secreta de la CIA en operaciones militares en las que murieron jefes de la guerrilla de las Farc, tal y como reveló hace unos días el diario estadounidense The Washington Post. En su cuenta de Twitter, el expresidente reconoció que Estados Unidos "ayudó (a Colombia) para detectar la ubicación" de los jefes guerrilleros, pero puntualizó que esos operativos militares se desarrollaron "con hombres y equipos nuestros (colombianos)"vi.
A su vez, el actual Ministro de Guerra, Juan Carlos Pinzón sostuvo: "La verdad es que todo el mundo sabe, esto no tiene nada de nuevo, que tenemos una cooperación fuerte, muy fuerte con los Estados Unidos […] ha sido en materia de inteligencia, de operaciones especiales". […] "Sobre eso que no haya duda, hemos obtenido capacidades, conocimientos, entrenamiento, fortalecimiento, pero las operaciones que han realizado nuestras Fuerzas Militares y de Policía son actos heroicos (sic) de colombianos"vii. ¡Muy heroicos, por lo demás, tales como bombardear a mansalva a gente que incluso se encontraba durmiendo –como sucedió con Raúl Reyes- y que esos militares actuaran bajo las órdenes de personal militar de los Estados Unidos!
Y para completar, Juan Manuel Santos le señaló al Washington Post en una reciente visita a Estados Unidos: "Parte de la experiencia y la eficiencia de nuestras operaciones especiales han sido el producto de una mejor formación y conocimiento que hemos adquirido de muchos países, entre ellos Estados Unidos"viii.
Como puede colegirse de estos testimonios, el carácter cipayo de los gobernantes de este país alcanza elevadas cotas de cinismo, hasta el punto que siempre negaron la existencia de “operaciones secretas” con los Estados Unidos, Israel o Inglaterra –y la participación militar de esos países en acciones contrainsurgentes en territorio colombiano- pero ahora cuando éstas han sido descubiertas las admiten como algo normal, cuando se está hablando de “acuerdos clandestinos” que violan la legalidad formal del Estado colombiano y, además, y esto es lo importante, aplican la pena de muerte a diestra y siniestra, no sólo contra habitantes de este país, sino incluso contra ciudadanos extranjeros, como aconteció con los mexicanos asesinados en Ecuador.
Pero aun así, Gabriel Silva Luján, desoyendo la voz de los títeres mencionados, sostiene que “la CIA ha colaborado con las Fuerzas Armadas colombianas en operaciones contra los grupos guerrilleros, pero aseguró que no puede hablarse de un plan secreto, como reveló el domingo el diario Washington Post”ix. Como puede apreciarse, el descaro de los voceros de las clases dominantes de Colombia es de antología.
QUINTA MENTIRA: El régimen de la autodenominada Seguridad Democrática y su gamonal-presidente generaban confianza en los Estados Unidos.
Es normal que un régimen tan profundamente entreguista y antinacional como lo fue el del ubérrimo (entre el 2002 y el 2010) se enorgulleciera de haber logrado tal grado de sintonía con sus amos imperialistas y que estos le tuvieran gran confianza y lo admiraran. Eso, justamente, es lo que decía el mismo personaje de marras, y siguen repitiendo los medios de desinformación de este país. Pero el artículo publicado en Washington Post revela la verdadera confianza que los amos le tenían a su lacayo y con él a las Fuerzas Armadas. Al respecto se señala:
Pero la “confianza” con respecto a sus súbditos quedaba en evidencia cuando antes del artero ataque al Ecuador, el jefe de la Misión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos le dijo al Comandante Colombiano de Operaciones encargado de bombardear el campamento de Raúl Reyes: “Mire hombre, todos sabemos dónde está este tipo, simplemente no se caguen esto”xi.
A los sirvientes a veces se les olvida lo que son y piensan que son imprescindibles, algo que tiene sin cuidado a los amos imperialistas, los que se guían por el principio que ellos no tienen amigos sino intereses. En plata franca eso significa que los Pastrana, los Uribe, los Santos… son desechables y Estados Unidos los puede usar cuando los necesita, pero también puede prescindir de ellos en cualquier momento, hasta el punto que no sería raro que alguno de ellos terminara con sus huesos en una cárcel de alta seguridad de los Estados Unidos. Con esta perspectiva, no existe nada que haga creíble la pretensión de los vendepatrias mencionados de ser, de manera permanente e incondicional, los “favoritos de Washington”, porque simplemente son peones de ocasión que, como en el ajedrez, son los primeros en desaparecer del tablero.
MÁS ALLÁ DE LAS MENTIRAS
El Informe del Washington Post evidencia algunas tendencias de fondo acerca del conflicto colombiano, que no pueden pasar desapercibidos en las actuales circunstancias, y que es bueno recordar en forma rápida:
•La intervención de Estados Unidos en la vida colombiana no es reciente, puesto que desde la década de 1950 ha sido una constante, y el imperialismo ha recurrido a todas las formas de lucha como parte de su proyecto anticomunista y contrainsurgente. Esa intervención ha contado con el apoyo decisivo del Estado colombiano y de las clases dominantes de este país. Esa colaboración ha fraguado “pactos secretos” que no son conocidos, como el que se acaba de revelar, y que tienen como finalidad la destrucción de la insurgencia, convertir al país en una gran portaviones para agredir a otros países de la región y del mundo y facilitar la extracción de bienes comunes de tipo natural en nuestro suelo y en el de los países vecinos, tal y como lo señalamos en nuestro libro Colombia y el imperialismo contemporáneo. Colombia un eslabón geoestratégico de los Estados Unidos, que pronto será publicadoxii.
•Tanto Estados Unidos como el Estado colombiano han recurrido a todos los medios para aniquilar a la insurgencia (FARC y ELN), pero al mismo tiempo han sido el sostén del proyecto paramilitar, al que nunca han perseguido y jamás se han bombardeado los campamentos de los jefes criminales de las mal llamadas autodefensas. El informe del Washington Post lo dice en forma directa: “Analistas del Bunker fusionaban las pistas de los informantes con información obtenida a partir de medios técnicos. Los analistas buscaban vincular a individuos con el flujo de la insurgencia de drogas, armas y dinero. Ya que la mayor parte, dejaban (de lado a) los violentos grupos paramilitares”xiii. Esto es explicable porque, sencillamente, el paramilitarismo forma parte del proyecto de guerra irregular y de cuarta generación adelantado por los Estados Unidos, en abierta alianza con sus súbditos locales, para destruir cualquier proyecto revolucionario y democrático e instaurar el orden del despojo y el saqueo, para asegurarse el control de los bienes comunes de tipo natural a lo largo y ancho de Colombia, como los minerales.
•El pacto secreto no es un simple acuerdo militar sino que consiste en un plan de muerte, puesto que Estados Unidos y el Estado colombiano se han dado a la tarea de realizar asesinatos sistemáticos, que se efectúan con premeditación y alevosía, violando las más elementales leyes de humanidad y de la guerra. En ese sentido, en Colombia existe un “Estado canalla” que como otros satélites de los Estados Unidos -en su orden Israel, Egipto, Turquía…-, se encuentran entre los pocos Estados que en la actualidad han instaurado la “pena de muerte internacional” como norma de conducta, para justificar sus delitos y sus crímenes. Lo llamativo en el caso de Colombia es que las clases dominantes pregonan que aquí existe una democracia y que además es un “Estado Social de Derecho” (una falacia en la que cree Gustavo Petro y que le ha salido muy costosa) en donde se respetan las leyes y los derechos y, además, que en Colombia no existiría la pena de muerte. Todo esto, en vista de lo que ha pasado en los últimos sesenta años, pero especialmente en los últimos quince, es papel higiénico, porque aquí se aplica la pena de muerte, como se acaba de rubricar con la información que trae el artículo del Washington Post. En forma textual allí se afirma:
Como se puede notar, los gobernantes de los Estados Unidos (entre ellos George Bush y Barack Obama) y sus lacayos del mundo neocolonial (como los de Colombia) se proclaman como los dueños de la vida humana y deciden, violando las más elementales normas de humanidad, a quien se debe asesinar, porque a ellos les conviene. Por eso, desde la Casa Blanca se decide cada semana cuál es el próximo objetivo de los drones y bombarderos asesinos, y sus súbditos adoptan la misma actitud asesina. Y en esa dirección debe resaltarse la actitud despreciable que muestran los “altos dignatarios” de Colombia y sus portavoces ante la vida humana y la forma abyecta cómo exaltan la muerte y se burlan de los cadáveres de sus adversarios, y, como una muestra clara de tecnofascismo, exaltan el poder criminal de los sofisticados bombarderos yanquis. Esto queda demostrado en el informe del Washington Post:
•El costo de la “ayuda secreta” de los Estados Unidos: El pacto secreto que el Estado colombiano tiene establecido con los Estados Unidos tiene múltiples costos que no son analizados a fondo, como si no fueran importantes. Está, en primerísimo lugar, el costo de vidas humanas, pues estamos hablando del asesinato de decenas sino centenares de personas, que han sido masacradas desde aviones que vuelan a 20 mil pies de altura y cuyas “bombas inteligentes” se activan a tres kilómetros de distancia de sus objetivos humanos. Es la forma más cobarde de matar, como lo hace cotidianamente Estados Unidos desde hace años en todo el mundo. En segundo lugar, el costo económico es irracional, puesto que cada artefacto (“bomba inteligente que se usa”) para matar a insurgentes cuesta 30 mil dólares, y la sola operación para asesinar a Raúl Reyes valió, según dice el citado informa, un millón de dólares. Si estamos hablando de decenas de insurgentes asesinados, podemos hacer las cuentas del costo económico, que finalmente asumen los ciudadanos de los Estados Unidos y los de Colombia, estamos hablando de millones de dólares. No por casualidad, el pacto secreto en cuestión se estima que involucra un presupuesto de por lo menos nueve mil millones de dólares, que es distinto al presupuesto destinado al Plan Colombia. Tan escandalosa es la cifra que, por su magnitud, el Senado de los Estados Unidos decidió averiguar en qué se estaban usando dichos fondos y por eso se dio a conocer el Informe del Washington Post. En tercer lugar, como Estados Unidos no hace nada gratis, porque el imperialismo no es ni mucho menos filantrópico, está claro que su “ayuda” tiene contrapartidas, que se tasan en concordancia con el entreguismo de las clases dominantes de Colombia y su Estado. Entre las dadivas que se le han concedido a los Estados Unidos y a sus empresas deben señalarse la firma del Tratado de Libre Comercio, la entrega plena de la soberanía nacional para construir bases militares, la explotación y destrucción de nuestros ecosistemas para que las multinacionales yanquis y sus socias de otros países (como las de Canadá) se apropien de petróleo, agua, maderas, minerales, biodiversidad…
•No se trata de simples mentiras, sino del “derecho de asesinar” y la pérdida absoluta de soberanía e independencia por parte de Colombia: En el mejor de los casos, las pocas veces que en Colombia han osado criticar el “pacto secreto” consideran que el problema es que este se ha hecho de manera clandestina y que se ha recurrido a decir mentiras para justificar su implementaciónxvi. Las mentiras son lo de menos, el asunto esencial radica en que se miente como un paso indispensable para perpetrar asesinatos con la más absoluta impunidad, algo que además festejan los cultores de la muerte en este país. Al respecto el artículo del Washington Post relata una escena que es típica de la bajeza moral que caracteriza a los círculos guerreristas de Colombia y de los Estados Unidos, para los cuales la vida humana de los adversarios no vale nada:
A eso hay que agregarle, que, como lo indicó el periódico mexicano La Jornada en su editorial del 23 de diciembre, Colombia ha perdido cualquier sentimiento de dignidad y de soberanía, para plegarse por completo a los planes del imperialismo estadounidense, un hecho del que deberían tomar cuenta los gobiernos de Ecuador, Venezuela y otros de América Latina:
Porque una cosa queda clara después de conocido este artículo del Washington Post: existen pactos secretos sobre la intervención de Estados Unidos, Israel e Inglaterra, así como registro de los crímenes adelantados a raíz de esos acuerdos, que deben estar registrados documentalmente en alguna parte y deben reposar en archivos de Estados Unidos y de Colombia (como en los de las Fuerzas Armadas y de los organismos secretos), que se constituyen en fuentes imprescindibles para conocer el grado y magnitud de esa intervención y, por supuesto, el nivel de sumisión y entreguismo a que han llegado las clases dominantes de este país y el Estado. Tarde o temprano, esos pactos tienen que ser conocidos en Colombia y no pueden permanecer ocultos con el argumento que forman parte de la “seguridad nacional”, porque con ellos se accede al conocimiento de una faceta trascendental de la guerra que vivimos en este país, para actuar política y judicialmente contra los crímenes y los criminales del imperio y sus lacayos tropicales.
NOTAS
i . Diana Priest, “Destapan Plan de la CIA para asesinar a dirigentes de la insurgencia”, The Washington Post, diciembre 21 de 2013, publicado en Rebelión, diciembre 23 de 2013, disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552 El articulo original en inglés se encuentra en: http://www.washingtonpost.com/sf/investigative/2013/12/21/covert-action-in-colombia/?hpid=z1 Todas las cursivas de las citas del informe son mías.
ii .”Exministro y exembajador en EE.UU confirma cooperación de la CIA con Colombia”, en http://www.cmi.com.co/?n=220062
iii . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
iv . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
v . “Ecos del informe del Washington Post”, El Espectador, diciembre 23 de 2013, disponible en
http://www.elespectador.com/noticias/politica/ecos-del-informe-del-washington-post-articulo-465832
vi . “Uribe admite ayuda de la CIA para dar de baja a jefes de las FARC”, El tiempo, 25 de diciembre de 2013, disponible en http://www.eltiempo.com/justicia/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-13315542.html
vii . Ministro de Defensa de Colombia sobre ayuda de la CIA para matar guerrilleros: “Todo el mundo sabe, no tiene nada de nuevo”, en http://www.nodal.am/index.php/2013/12/ministro-de-defensa-de-colombia-sobre-ayuda-de-la-cia-para-matar-guerrilleros-todo-el-mundo-sabe-no-tiene-nada-de-nuevo/
viii . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
ix . ”Exministro y exembajador en EE.UU confirma cooperación de la CIA con Colombia”, en http://www.cmi.com.co/?n=220062
x . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
xi . Citado en Santiago Villa, “Just don't fuck it up”, El Espectador, diciembre 24 de 2013, disponible en https://www.elespectador.com/opinion/just-dont-fuck-it-up-columna-465855
xii . Renán Vega Cantor, Felipe Martín Novoa, Colombia y el imperialismo contemporáneo. Un eslabón geoestratégico de los Estados Unidos, Ediciones Ocean Sur, 2014 (en prensa).
xiii . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
xiv . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
xv . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
xvi . Esa es la única crítica que hace Ramiro Bejarano en su columna dominical. Ver al respecto: “El reino de Pinocho”, El Espectador, diciembre 29 de 2013, disponible en http://www.elespectador.com/opinion/el-reino-de-pinocho-columna-466308
xvii . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
xviii . “La CIA en Colombia: injerencia y entreguismo confirmados”, La Jornada, diciembre 23 de 2013, disponible en http://www.jornada.unam.mx/2013/12/23/edito
Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su último libro publicado es Capitalismo y Despojo.
“El
gobierno de Estados Unidos le suministró a su aliado más de 30 bombas
inteligentes. En las botas que le suministraron al jefe guerrillero, le
instalaron un GPS. Guiadas por ese instrumento, las bombas programadas
estallaron en el campamento donde estaba Jorge Briceño.
¿Por qué no se explica al mundo la verdad? ¿Por qué sugieren una batalla que nunca tuvo lugar?”
Fidel Castro, septiembre 30 de 2010.
En un informe publicado el 21 de diciembre The Washington Post revela la existencia de un plan secreto de la CIA, en estrecha alianza con los regímenes de Álvaro Uribe Vélez (2002-2010) y Juan Manuel Santos (2010 -¿?) , como resultado del cual han sido asesinados decenas de combatientes de las FARC en los últimos años. Las revelaciones del diario estadounidense han desnudado las mentiras que se vienen propalando por parte de los voceros de los regímenes mencionados, incluyendo a la “Gran Prensa”. Señalemos algunas de esas mentiras, que han quedado en evidencia con la información que se reveló en los Estados Unidos
PRIMERA MENTIRA: Las fuerzas armadas del Estado colombiano han propinado duros golpes a la insurgencia por sus propios medios y sin contar con la participación de Estados Unidos y otros países imperialistas.
Desde el año 2002 se viene repitiendo de manera monótona por parte de las fuerzas militares y todos sus propagandistas que sus “éxitos” se han logrado gracias a sus propios esfuerzos y hasta la fecha se había negado que hubiera una participación directa de la CIA y de los Estados Unidos en la realización de operativos sobre el terreno, aunque se reconociera la “ayuda militar” del imperio. Sin embargo, ese lo desmiente la información del Washington Post, en donde se indica que la CIA puso en práctica un plan secreto que se desarrolló desde Bogotá no sólo con labores de inteligencia, sino con la confección de un plan que llevó a la utilización de bombas guiadas por un GPS de 500 libras, las cuales se vienen empleando en Colombia por parte del Ejército desde hace varios años, y que han masacrado a decenas de combatientes de la insurgencia. El informe sostiene que
“Uno de los oficiales de la CIA que Tenet envió a Bogotá […] creó la Célula de Fusión de Inteligencia de la Embajada de Estados Unidos, apodada "el Bunker". Era una habitación estrecha, de 30 por 30 pies con techo bajo y tres hileras de computadoras. Ocho personas se sentaban en cada fila de consolas. Unos peinaban mapas satelitales de la selva; otros buscaban lugares ocultos de las FARC en el subsuelo. Algunos hacían seguimiento a imágenes del movimiento de vehículos marcados con dispositivos de rastreo. Las interceptaciones de voz de comunicaciones de radio y teléfonos celulares eran desencriptadas y traducidas por la Agencia de Seguridad Nacional.
Los expertos técnicos y los contratistas del Bunker construyeron para los colombianos su propio sistema informático de inteligencia de alcance nacional. También ayudaron posteriormente a crear centros de fusión regionales para llevar la inteligencia táctica a los comandantes. La agencia también pagó el mecanismo de comunicaciones encriptadas. […]
Fuera del Bunker, agentes asignados de la CIA y contratistas enseñaron el arte de reclutar informantes a unidades colombianas que habían sido investigadas y a las que se había sometido al polígrafo. […] Mientras tanto, la otra agencia secreta estadounidense que había estado en la primera línea en la localización y asesinato de miembros de al-Qaeda apareció en escena. Comandos de élite del JSOC comenzaron sesiones periódicas de entrenamiento anual y misiones de reconocimiento con pequeñas unidades para intentar encontrar a los rehenes”i.
Horas después de conocerse el informe del periódico de los Estados Unidos, Gabriel Silva Lujan, ministro de Defensa (sic) en el gobierno de Uribe Vélez y ex embajador en los Estados Unidos, sostuvo sin pestañear: "Los colombianos manejan sus Fuerzas Armadas de manera soberana y la verdad es que todas las operaciones fueron diseñadas con colaboración pero ejecutadas totalmente por colombianos"ii. Como es obvio, en medio de estas informaciones tan opuestas, hay que creerle al dueño del circo y no a uno de los payasos.
SEGUNDA MENTIRA: En el ataque a Ecuador no participaron los Estados Unidos.
Cuando se realizó el aleve ataque a Sucumbíos, Ecuador, en la noche del primero de marzo de 2008, el régimen uribista y todos sus corifeos señalaron que ese hecho había sido planeado y ejecutado por miembros de las fuerzas armadas de Colombia y, de ninguna manera, habían participación los Estados Unidos. Tanto en Ecuador como en otros lugares del continente esa versión fue cuestionada por ser poco verosímil, y se aseguró con fundamento que en una operación de tal envergadura -como la que se efectuó para asesinar a 26 personas que estaban en territorio ecuatoriano-, por el procedimiento y la maquinaria de guerra que se utilizó, solo se había podido realizar con la participación de los Estados Unidos. Ese mismo señalamiento fue el que en reiteradas ocasiones realizó el presidente Rafael Correa, aunque ahora haya sido demasiado blando al conocer la noticia del Washington Post sobre la magnitud de la intervención de Estados Unidos, tal vez por aquello de que su gobierno es cada vez menos de izquierda y anda en “buenas relaciones” con el gobierno de Juan Manuel Santos, personaje que es responsable directo de la matanza de Sucumbíos.
En el momento de ese cobarde ataque, el régimen uribista y sus amos de Washington negaron que los Estados Unidos tuvieran algo que ver con la masacre., pero con la información que ha revelado The Washington Post queda en evidencia la participación directa del imperialismo estadounidense. Al respecto el periódico precisa:
“Justo al otro lado del río Putumayo, una milla dentro de Ecuador, la inteligencia estadounidense y un informante colombiano confirmaron el escondite de Luis Edgar Devia Silva, también conocido como Raúl Reyes […] Era un descubrimiento delicado para Colombia y Estados Unidos. Llevar a cabo un ataque aéreo significaba que un piloto colombiano a bordo de un avión colombiano impactara el campamento utilizando una bomba fabricada en Estados Unidos con un cerebro controlado por la CIA”iii.Después de esta información, que no ha sido desmentida por los sirvientes criollos del Tio Sam, no queda duda alguna sobre participación directa de Estados Unidos, con la complicidad del Estado colombiano, en la violación de la soberanía del Ecuador y en el asesinato a mansalva de 26 personas, entre ellas cuatro mexicanos, un ecuatoriano y 21 colombianos.
TERCERA MENTIRA: La doctrina de la “soberanía limitada” y la defensa preventiva que salió a relucir después del ataque contra Ecuador, se fraguó durante el régimen de la (in)Seguridad (anti)Democrática.
Esta afirmación baladí que también se difundió en forma masiva después del primero de marzo de 2008 con el fin de justificar el crimen de Angosturas y de preparar similares ataques contra Venezuela, no podía ser creída por alguien que estuviera medianamente informado, que entendía que esa doctrina simplemente era “nazismo reciclado” por varios presidentes de los Estados Unidos, y en forma más reciente por George Bush II y sus halcones, después del 11 de septiembre de 2001. No obstante, el uribismo y sus áulicos se dieron a la tarea, para justificar a posteriori la masacre de Sucumbíos, de decir que habían recurrido a la “legítima defensa” preventiva contra un enemigo que se escondía en un país vecino, a cuyo gobierno además acusaron de ser cómplice del “terrorismo”. No faltaron incluso los “analistas” y abogados que recurrieron a las más extrañas cabriolas jurídicas para explicar la agresión del Estado colombiano, e incluso llegaron a decir que simplemente se estaba aplicando la Resolución No. 1373 de la ONU, que fue aprobada después del 11 de septiembre de 2001.
Pero veamos lo que dice, en sentido contrario, la información del Washington Post:
“Los abogados de seguridad nacional de Estados Unidos vieron la operación como un acto de defensa propia. A raíz del 11-S habían elaborado una nueva interpretación del uso de la fuerza permisible contra actores no estatales como al-Qaeda y las FARC. Era así: si un grupo terrorista era controlado desde un país que no podía o no quería detenerlo, entonces el país atacado -en este caso, Colombia- tenía el derecho de defenderse utilizando la fuerza, incluso si eso suponía adentrarse en otro país soberano. Esta era la justificación legal para los ataques con drones de la CIA y otras operaciones letales en Pakistán, Yemen, Somalia y mucho después, para el asalto en Pakistán que mató a Osama bin Laden. […]El bombardeo desencadenó una seria crisis diplomática. El líder venezolano Hugo Chávez llamó a Colombia "estado terrorista" y desplazó tropas a la frontera, igual que hizo Ecuador. Nicaragua rompió relaciones. Uribe, bajo presión, se disculpó ante Ecuador.
La disculpa, si bien calmó las relaciones en América Latina, enfadó al pequeño círculo de oficiales estadounidenses que conocían la historia detrás, uno de ellos dijo: ‘Recuerdo haber pensado: no puedo creer que estén diciendo esto’, ‘Para ellos era una locura renunciar a una importante argumentación legal’"iv.
Queda claro que los gobernantes de Colombia son tan abyectos que ni siquiera son capaces de inventarse una justificación propia, sino que necesitan que las excusas se las fabriquen desde los Estados Unidos, para que luego personajes de “inteligencia superior” -como se autoproclamaba el individuo que es responsable directo de la masacre de sucumbíos- y todos sus plumíferos repitieran el mismo argumento que se había fraguado en los círculos del Pentágono y la CIA. En otros términos, la mentalidad colonial llega hasta tal punto, que ni siquiera son capaces de hilar una argumentación propia y original, sino que se limitan a repetir el guion que les envían los amos imperialistas. ¡Un comportamiento por lo demás típico de los cipayos!
CUARTA MENTIRA: Nunca han existido operaciones secretas en Colombia.
Ahora que desde los Estados Unidos se ha revelado lo que es, sin duda alguna, un plan secreto y criminal propio del terrorismo de Estado Made in USA en alianza con sus incondicionales lacayos de Colombia, todos a una, en coro, como si fueran papagayos amaestrados, han salido a reconocer que desde siempre han existido acuerdos de este tipo con el imperialismo del norte. Al respecto Andrés Pastrana Arango quien fuera presidente entre 1998-2002 señaló:
“La cooperación de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico, que incluye el apoyo en operativos contra las Farc, ha sido muy valiosa y determinante a la hora de planear grandes operativos militares. Asimismo afirmó que fue su gobierno el que abrió el sendero para dicha cooperación. ‘Estados Unidos cambió la relación con nuestro país. Éramos un país descertificado por ellos, descertificado en derechos humanos, y tras la primera visita que se hizo al presidente Clinton nos hicieron un reconocimiento (...). Antes de mi gobierno no teníamos la tecnología para esto. Sólo al final de mi gobierno recibimos las bombas y los aviones para dar golpes militares’”v.
Lo significativo de esta declaración es que lo dice quien firmó el Plan Colombia, del que se repitió hasta la saciedad, en el momento en que existía la zona de distensión en El Caguán, que sus recursos económicos y militares no se iban a destinar a la lucha contrainsurgente. Pastrana viene a reconocer, casi quince años después, que los dineros de ese Plan Colombia si tenían un propósito antisubversivo. Otra mentira más que cobija la impunidad de los delincuentes de cuello blanco que gobiernan este país.
Por su parte, otro expresidente, Álvaro Uribe Vélez, “admitió que durante su Gobierno el país recibió ayuda secreta de la CIA en operaciones militares en las que murieron jefes de la guerrilla de las Farc, tal y como reveló hace unos días el diario estadounidense The Washington Post. En su cuenta de Twitter, el expresidente reconoció que Estados Unidos "ayudó (a Colombia) para detectar la ubicación" de los jefes guerrilleros, pero puntualizó que esos operativos militares se desarrollaron "con hombres y equipos nuestros (colombianos)"vi.
A su vez, el actual Ministro de Guerra, Juan Carlos Pinzón sostuvo: "La verdad es que todo el mundo sabe, esto no tiene nada de nuevo, que tenemos una cooperación fuerte, muy fuerte con los Estados Unidos […] ha sido en materia de inteligencia, de operaciones especiales". […] "Sobre eso que no haya duda, hemos obtenido capacidades, conocimientos, entrenamiento, fortalecimiento, pero las operaciones que han realizado nuestras Fuerzas Militares y de Policía son actos heroicos (sic) de colombianos"vii. ¡Muy heroicos, por lo demás, tales como bombardear a mansalva a gente que incluso se encontraba durmiendo –como sucedió con Raúl Reyes- y que esos militares actuaran bajo las órdenes de personal militar de los Estados Unidos!
Y para completar, Juan Manuel Santos le señaló al Washington Post en una reciente visita a Estados Unidos: "Parte de la experiencia y la eficiencia de nuestras operaciones especiales han sido el producto de una mejor formación y conocimiento que hemos adquirido de muchos países, entre ellos Estados Unidos"viii.
Como puede colegirse de estos testimonios, el carácter cipayo de los gobernantes de este país alcanza elevadas cotas de cinismo, hasta el punto que siempre negaron la existencia de “operaciones secretas” con los Estados Unidos, Israel o Inglaterra –y la participación militar de esos países en acciones contrainsurgentes en territorio colombiano- pero ahora cuando éstas han sido descubiertas las admiten como algo normal, cuando se está hablando de “acuerdos clandestinos” que violan la legalidad formal del Estado colombiano y, además, y esto es lo importante, aplican la pena de muerte a diestra y siniestra, no sólo contra habitantes de este país, sino incluso contra ciudadanos extranjeros, como aconteció con los mexicanos asesinados en Ecuador.
Pero aun así, Gabriel Silva Luján, desoyendo la voz de los títeres mencionados, sostiene que “la CIA ha colaborado con las Fuerzas Armadas colombianas en operaciones contra los grupos guerrilleros, pero aseguró que no puede hablarse de un plan secreto, como reveló el domingo el diario Washington Post”ix. Como puede apreciarse, el descaro de los voceros de las clases dominantes de Colombia es de antología.
QUINTA MENTIRA: El régimen de la autodenominada Seguridad Democrática y su gamonal-presidente generaban confianza en los Estados Unidos.
Es normal que un régimen tan profundamente entreguista y antinacional como lo fue el del ubérrimo (entre el 2002 y el 2010) se enorgulleciera de haber logrado tal grado de sintonía con sus amos imperialistas y que estos le tuvieran gran confianza y lo admiraran. Eso, justamente, es lo que decía el mismo personaje de marras, y siguen repitiendo los medios de desinformación de este país. Pero el artículo publicado en Washington Post revela la verdadera confianza que los amos le tenían a su lacayo y con él a las Fuerzas Armadas. Al respecto se señala:
“Existía otra preocupación. Algunos altos oficiales estaban preocupados porque las fuerzas colombianas podrían utilizar los PGMs para asesinar a quienes consideraban enemigos políticos. ‘Las preocupaciones eran grandes, dados sus problemas de derechos humanos’, declaró un ex alto oficial del Ejército.
Para asegurarse de que los colombianos no darían mal uso a las bombas, los oficiales de Estados Unidos idearon una solución innovadora. La CIA mantendría el control sobre la clave de encriptación insertada en la bomba, que descodificaba las comunicaciones con los satélites GPS de forma que pudieran ser leídos por las computadoras de la bomba. La bomba no podía alcanzar su objetivo sin la clave. Los colombianos tendrían que solicitar aprobación para algunos objetivos, y si daban mal uso a las bombas, la CIA podía denegar la recepción de GPS para uso futuro.
‘Queríamos un mecanismo de refrendación’, declaró un alto oficial que participó en las deliberaciones. Para cortar la cinta roja inicial, los primeros 20 kits de bombas inteligentes -sin las llaves de encriptación- llegaron a través de la CIA. La cuenta fue por menos de 1 millón de dólares. Después de eso, a Colombia se le permitió adquirirlos a través del Programa Exterior de Ventas Militares”x.
Pero la “confianza” con respecto a sus súbditos quedaba en evidencia cuando antes del artero ataque al Ecuador, el jefe de la Misión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos le dijo al Comandante Colombiano de Operaciones encargado de bombardear el campamento de Raúl Reyes: “Mire hombre, todos sabemos dónde está este tipo, simplemente no se caguen esto”xi.
A los sirvientes a veces se les olvida lo que son y piensan que son imprescindibles, algo que tiene sin cuidado a los amos imperialistas, los que se guían por el principio que ellos no tienen amigos sino intereses. En plata franca eso significa que los Pastrana, los Uribe, los Santos… son desechables y Estados Unidos los puede usar cuando los necesita, pero también puede prescindir de ellos en cualquier momento, hasta el punto que no sería raro que alguno de ellos terminara con sus huesos en una cárcel de alta seguridad de los Estados Unidos. Con esta perspectiva, no existe nada que haga creíble la pretensión de los vendepatrias mencionados de ser, de manera permanente e incondicional, los “favoritos de Washington”, porque simplemente son peones de ocasión que, como en el ajedrez, son los primeros en desaparecer del tablero.
MÁS ALLÁ DE LAS MENTIRAS
El Informe del Washington Post evidencia algunas tendencias de fondo acerca del conflicto colombiano, que no pueden pasar desapercibidos en las actuales circunstancias, y que es bueno recordar en forma rápida:
•La intervención de Estados Unidos en la vida colombiana no es reciente, puesto que desde la década de 1950 ha sido una constante, y el imperialismo ha recurrido a todas las formas de lucha como parte de su proyecto anticomunista y contrainsurgente. Esa intervención ha contado con el apoyo decisivo del Estado colombiano y de las clases dominantes de este país. Esa colaboración ha fraguado “pactos secretos” que no son conocidos, como el que se acaba de revelar, y que tienen como finalidad la destrucción de la insurgencia, convertir al país en una gran portaviones para agredir a otros países de la región y del mundo y facilitar la extracción de bienes comunes de tipo natural en nuestro suelo y en el de los países vecinos, tal y como lo señalamos en nuestro libro Colombia y el imperialismo contemporáneo. Colombia un eslabón geoestratégico de los Estados Unidos, que pronto será publicadoxii.
•Tanto Estados Unidos como el Estado colombiano han recurrido a todos los medios para aniquilar a la insurgencia (FARC y ELN), pero al mismo tiempo han sido el sostén del proyecto paramilitar, al que nunca han perseguido y jamás se han bombardeado los campamentos de los jefes criminales de las mal llamadas autodefensas. El informe del Washington Post lo dice en forma directa: “Analistas del Bunker fusionaban las pistas de los informantes con información obtenida a partir de medios técnicos. Los analistas buscaban vincular a individuos con el flujo de la insurgencia de drogas, armas y dinero. Ya que la mayor parte, dejaban (de lado a) los violentos grupos paramilitares”xiii. Esto es explicable porque, sencillamente, el paramilitarismo forma parte del proyecto de guerra irregular y de cuarta generación adelantado por los Estados Unidos, en abierta alianza con sus súbditos locales, para destruir cualquier proyecto revolucionario y democrático e instaurar el orden del despojo y el saqueo, para asegurarse el control de los bienes comunes de tipo natural a lo largo y ancho de Colombia, como los minerales.
•El pacto secreto no es un simple acuerdo militar sino que consiste en un plan de muerte, puesto que Estados Unidos y el Estado colombiano se han dado a la tarea de realizar asesinatos sistemáticos, que se efectúan con premeditación y alevosía, violando las más elementales leyes de humanidad y de la guerra. En ese sentido, en Colombia existe un “Estado canalla” que como otros satélites de los Estados Unidos -en su orden Israel, Egipto, Turquía…-, se encuentran entre los pocos Estados que en la actualidad han instaurado la “pena de muerte internacional” como norma de conducta, para justificar sus delitos y sus crímenes. Lo llamativo en el caso de Colombia es que las clases dominantes pregonan que aquí existe una democracia y que además es un “Estado Social de Derecho” (una falacia en la que cree Gustavo Petro y que le ha salido muy costosa) en donde se respetan las leyes y los derechos y, además, que en Colombia no existiría la pena de muerte. Todo esto, en vista de lo que ha pasado en los últimos sesenta años, pero especialmente en los últimos quince, es papel higiénico, porque aquí se aplica la pena de muerte, como se acaba de rubricar con la información que trae el artículo del Washington Post. En forma textual allí se afirma:
“los abogados de la Casa Blanca, junto con sus colegas de la CIA y de los departamentos de Justicia, Defensa y Estado, tenían sus propias preguntas que hacer. Una cosa era usar un PGM para derrotar a un enemigo en el campo de batalla -la fuerza aérea estadounidense llevaba años haciéndolo-. Pero otra cosa era usarlo para alcanzar a un líder individual de las FARC. ¿Constituiría eso un asesinato, prohibido por la legislación de Estados Unidos? Y, ‘¿Podríamos ser acusados de participar en asesinato, incluso si no lo hacíamos nosotros?’, dijo un abogado implicado.
La Oficina de Asesoramiento Legal de la Casa Blanca y otros decidieron finalmente que el mismo análisis legal que habían aplicado a al-Qaeda podía aplicarse a las FARC. Matar a un líder de las FARC no sería asesinato porque la organización suponía una amenaza para Colombia. Además, no se podía esperar que ningún comandante de las FARC se rindiera”xiv.
Como se puede notar, los gobernantes de los Estados Unidos (entre ellos George Bush y Barack Obama) y sus lacayos del mundo neocolonial (como los de Colombia) se proclaman como los dueños de la vida humana y deciden, violando las más elementales normas de humanidad, a quien se debe asesinar, porque a ellos les conviene. Por eso, desde la Casa Blanca se decide cada semana cuál es el próximo objetivo de los drones y bombarderos asesinos, y sus súbditos adoptan la misma actitud asesina. Y en esa dirección debe resaltarse la actitud despreciable que muestran los “altos dignatarios” de Colombia y sus portavoces ante la vida humana y la forma abyecta cómo exaltan la muerte y se burlan de los cadáveres de sus adversarios, y, como una muestra clara de tecnofascismo, exaltan el poder criminal de los sofisticados bombarderos yanquis. Esto queda demostrado en el informe del Washington Post:
“[…] el jefe del Bunker y su agregado militar del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos asignaron a sus hombres una segunda misión: convertir en objetivo a la dirigencia de las FARC. Esto era exactamente lo que la CIA y el JSOC habían estado haciendo contra al-Qaeda al otro lado del mundo. La metodología era familiar. ‘Hubo polinización cruzada en ambas direcciones’, declaró un alto oficial con acceso al Bunker en aquel momento. […]
Localizar a los dirigentes de las FARC resultó ser más sencillo que capturarlos o matarlos. Unas 60 veces las fuerzas colombianas habían obtenido o se les había entregado información confiable pero fallaron en capturar o matar a algún alto dirigente, de acuerdo con las declaraciones de dos oficiales estadounidenses y un alto oficial colombiano en retiro. Era siempre la misma historia. Helicópteros Black Hawk proporcionados por Estados Unidos transportaban tropas colombianas dentro de la selva a unos seis kilómetros de un campamento. Los hombres se adentraban en el denso follaje pero los campamentos estaban siempre vacíos para cuando ellos llegaban. Luego supieron que las FARC tenían un sistema de alerta temprana: anillos de seguridad a varios kilómetros de los campamentos.
Para 2006, el deprimente record llamó la atención del recién llegado jefe de misión de la Fuerza Aérea estadounidense. El coronel estaba perplejo. ¿Por qué el tercer receptor en ayuda militar de Estados Unidos [detrás de Egipto e Israel] había hecho tan pocos progresos? ‘Estoy pensando: ¿con qué matamos a las FARC?’ dijo en una entrevista el coronel […] que ‘empezó a buscar en Google bombas y bombarderos’ buscando ideas. Eventualmente llegaron al Paveway II Mejorado, un kit de guiado relativamente barato que se podía atar con correas a una bomba de gravedad Mark-82 de 500 libras. El coronel aseguró que le habló al entonces ministro de Defensa Santos sobre su idea y escribió un informe de una página para que se lo entregara a Uribe.
Santos llevó la idea al Secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld. En junio de 2006, Uribe visitó a Bush en la Casa Blanca. Mencionó el reciente asesinato del jefe de al-Qaeda en Iraq, Abu Musab al-Zarqawi. Un F-16 había lanzado dos bombas inteligentes de 500 libras al interior de su escondite y lo habían matado. Uribe presionó para obtener la misma capacidad.
"Claramente esto era muy importante" para Uribe, afirmó el General retirado de la Fuerza Aérea Michael V. Hayden, quien había pasado a ser director de la CIA unos meses antes”xv.
•El costo de la “ayuda secreta” de los Estados Unidos: El pacto secreto que el Estado colombiano tiene establecido con los Estados Unidos tiene múltiples costos que no son analizados a fondo, como si no fueran importantes. Está, en primerísimo lugar, el costo de vidas humanas, pues estamos hablando del asesinato de decenas sino centenares de personas, que han sido masacradas desde aviones que vuelan a 20 mil pies de altura y cuyas “bombas inteligentes” se activan a tres kilómetros de distancia de sus objetivos humanos. Es la forma más cobarde de matar, como lo hace cotidianamente Estados Unidos desde hace años en todo el mundo. En segundo lugar, el costo económico es irracional, puesto que cada artefacto (“bomba inteligente que se usa”) para matar a insurgentes cuesta 30 mil dólares, y la sola operación para asesinar a Raúl Reyes valió, según dice el citado informa, un millón de dólares. Si estamos hablando de decenas de insurgentes asesinados, podemos hacer las cuentas del costo económico, que finalmente asumen los ciudadanos de los Estados Unidos y los de Colombia, estamos hablando de millones de dólares. No por casualidad, el pacto secreto en cuestión se estima que involucra un presupuesto de por lo menos nueve mil millones de dólares, que es distinto al presupuesto destinado al Plan Colombia. Tan escandalosa es la cifra que, por su magnitud, el Senado de los Estados Unidos decidió averiguar en qué se estaban usando dichos fondos y por eso se dio a conocer el Informe del Washington Post. En tercer lugar, como Estados Unidos no hace nada gratis, porque el imperialismo no es ni mucho menos filantrópico, está claro que su “ayuda” tiene contrapartidas, que se tasan en concordancia con el entreguismo de las clases dominantes de Colombia y su Estado. Entre las dadivas que se le han concedido a los Estados Unidos y a sus empresas deben señalarse la firma del Tratado de Libre Comercio, la entrega plena de la soberanía nacional para construir bases militares, la explotación y destrucción de nuestros ecosistemas para que las multinacionales yanquis y sus socias de otros países (como las de Canadá) se apropien de petróleo, agua, maderas, minerales, biodiversidad…
•No se trata de simples mentiras, sino del “derecho de asesinar” y la pérdida absoluta de soberanía e independencia por parte de Colombia: En el mejor de los casos, las pocas veces que en Colombia han osado criticar el “pacto secreto” consideran que el problema es que este se ha hecho de manera clandestina y que se ha recurrido a decir mentiras para justificar su implementaciónxvi. Las mentiras son lo de menos, el asunto esencial radica en que se miente como un paso indispensable para perpetrar asesinatos con la más absoluta impunidad, algo que además festejan los cultores de la muerte en este país. Al respecto el artículo del Washington Post relata una escena que es típica de la bajeza moral que caracteriza a los círculos guerreristas de Colombia y de los Estados Unidos, para los cuales la vida humana de los adversarios no vale nada:
“Tomás Medina Caracas, también conocido como Negro Acacio, el jefe narcotraficante de las FARC y comandante del Frente 16, fue el primer hombre que la Célula de Fusión de Inteligencia de la Embajada de Estados Unidos puso en la cola de un ataque con PGM. Sobre las 4:30am del 1 de septiembre de 2007, pilotos con gafas de visión nocturna soltaron varias bombas inteligentes Enhanced Paveway II sobre su campamento en el oriente colombiano mientras oficiales en ambas capitales esperaban. Las tropas sólo pudieron recuperar una pierna. Parecía por su complexión oscura pertenecer a Acacio, uno de los pocos líderes negros de las FARC. Los tests de ADN confirmaron su muerte.Este desprecio por la vida humana demuestra hasta donde llega la sevicia del imperialismo y sus esbirros en todo el mundo con los que declara como sus enemigos, los que ni siquiera son respetados después de ser asesinados, sino que sus cadáveres o lo que queda de ellos se convierte en un botín de guerra o en símbolo que se usa para causar pánico y terror entre la población y entre los combatientes, como lo señala el mismo informe del Washington Post.
‘Hubo gran excitación’, recuerda William Scoggins, jefe del programa antinarcóticos del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos”xvii.
A eso hay que agregarle, que, como lo indicó el periódico mexicano La Jornada en su editorial del 23 de diciembre, Colombia ha perdido cualquier sentimiento de dignidad y de soberanía, para plegarse por completo a los planes del imperialismo estadounidense, un hecho del que deberían tomar cuenta los gobiernos de Ecuador, Venezuela y otros de América Latina:
“Por lo que hace al gobierno de Uribe, la información difundida denota el grado al que llegó la liquidación de la soberanía de esa república suramericana durante la gestión del ex mandatario (2002-2010) […] El empeño de Uribe Vélez en una estrategia contrainsurgente que incluyó la violación masiva de derechos humanos y la conversión de ese país en violador de la legalidad internacional estuvo alentado, de acuerdo con lo que hoy se sabe a partir de la información publicada por el Post, por el gobierno de Estados Unidos. En un ejemplo más de la doble moral característica de Washington, Álvaro Uribe concluyó sus días al frente de la Casa de Nariño en medio de acusaciones de funcionarios y legisladores estadunidenses por los atropellos cometidos por su gobierno en el contexto de la política de un plan de contrainsurgencia del gobierno colombiano alentado por la propia Casa Blanca”xviii.•La memoria y las fuentes sobre la intervención imperialista en el conflicto armado y social de Colombia: Ante todos los hechos mencionados, que son evidentes en el Informe del Washington Post, vale preguntarse ¿si es cierto que el imperialismo ya no existe y que todo se explica por la manida globalización y si al mismo tiempo se puede desconocer su existencia para explicar las características del conflicto armado que ha vivido Colombia en los últimos 65 años? Pero, además, después de conocer esa información ¿pueden seguirse negando los crímenes del imperialismo y la forma cobarde cómo opera el terrorismo de Estado a la colombiana? Luego de leer ese artículo, uno puede presumir –o mejor, soñar– que los acuciosos memoriologos oficiales de régimen santista (que también lo fueron del uribismo, por aquello de que no importa a quien se le sirve, siempre y cuando se reciban dólares y dadivas a cambio), ya deben estar preparando un informe especial sobre los crímenes de los Estados Unidos y su apoyo directo en Colombia al terrorismo del Estado (perdón por el término que no forma parte del vocabulario light de esos memorilogos).
Porque una cosa queda clara después de conocido este artículo del Washington Post: existen pactos secretos sobre la intervención de Estados Unidos, Israel e Inglaterra, así como registro de los crímenes adelantados a raíz de esos acuerdos, que deben estar registrados documentalmente en alguna parte y deben reposar en archivos de Estados Unidos y de Colombia (como en los de las Fuerzas Armadas y de los organismos secretos), que se constituyen en fuentes imprescindibles para conocer el grado y magnitud de esa intervención y, por supuesto, el nivel de sumisión y entreguismo a que han llegado las clases dominantes de este país y el Estado. Tarde o temprano, esos pactos tienen que ser conocidos en Colombia y no pueden permanecer ocultos con el argumento que forman parte de la “seguridad nacional”, porque con ellos se accede al conocimiento de una faceta trascendental de la guerra que vivimos en este país, para actuar política y judicialmente contra los crímenes y los criminales del imperio y sus lacayos tropicales.
NOTAS
i . Diana Priest, “Destapan Plan de la CIA para asesinar a dirigentes de la insurgencia”, The Washington Post, diciembre 21 de 2013, publicado en Rebelión, diciembre 23 de 2013, disponible en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552 El articulo original en inglés se encuentra en: http://www.washingtonpost.com/sf/investigative/2013/12/21/covert-action-in-colombia/?hpid=z1 Todas las cursivas de las citas del informe son mías.
ii .”Exministro y exembajador en EE.UU confirma cooperación de la CIA con Colombia”, en http://www.cmi.com.co/?n=220062
iii . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
iv . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
v . “Ecos del informe del Washington Post”, El Espectador, diciembre 23 de 2013, disponible en
http://www.elespectador.com/noticias/politica/ecos-del-informe-del-washington-post-articulo-465832
vi . “Uribe admite ayuda de la CIA para dar de baja a jefes de las FARC”, El tiempo, 25 de diciembre de 2013, disponible en http://www.eltiempo.com/justicia/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-13315542.html
vii . Ministro de Defensa de Colombia sobre ayuda de la CIA para matar guerrilleros: “Todo el mundo sabe, no tiene nada de nuevo”, en http://www.nodal.am/index.php/2013/12/ministro-de-defensa-de-colombia-sobre-ayuda-de-la-cia-para-matar-guerrilleros-todo-el-mundo-sabe-no-tiene-nada-de-nuevo/
viii . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
ix . ”Exministro y exembajador en EE.UU confirma cooperación de la CIA con Colombia”, en http://www.cmi.com.co/?n=220062
x . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
xi . Citado en Santiago Villa, “Just don't fuck it up”, El Espectador, diciembre 24 de 2013, disponible en
xii . Renán Vega Cantor, Felipe Martín Novoa, Colombia y el imperialismo contemporáneo. Un eslabón geoestratégico de los Estados Unidos, Ediciones Ocean Sur, 2014 (en prensa).
xiii . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
xiv . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
xv . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
xvi . Esa es la única crítica que hace Ramiro Bejarano en su columna dominical. Ver al respecto: “El reino de Pinocho”, El Espectador, diciembre 29 de 2013, disponible en
xvii . http://www.rebelion.org/noticia.php?id=178552
xviii . “La CIA en Colombia: injerencia y entreguismo confirmados”, La Jornada, diciembre 23 de 2013, disponible en http://www.jornada.unam.mx/2013/12/23/edito
Renán Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional, de Bogotá, Colombia. Autor y compilador de los libros Marx y el siglo XXI (2 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 1998-1999; Gente muy Rebelde, (4 volúmenes), Editorial Pensamiento Crítico, Bogotá, 2002; Neoliberalismo: mito y realidad; El Caos Planetario, Ediciones Herramienta, 1999; entre otros. Premio Libertador, Venezuela, 2008. Su último libro publicado es Capitalismo y Despojo.
sábado, 4 de enero de 2014
Leer más...
Colombia en la geopolítica imperialista
En este ensayo se esbozan los aspectos centrales que pueden ayudar a
comprender la importancia geopolítica del territorio colombiano en la
guerra mundial por los recursos, el punto de partida indispensable para
entender las guerras de agresión contra los pueblos que hoy adelantan
las potencias imperialistas, encabezadas por los Estados Unidos.
En este texto se consideran cuatro cuestiones: en primer lugar, se indica cuales son las características de la guerra mundial por los recursos y su influencia directa en América Latina; en segundo lugar, se subrayan los aspectos medulares de la estrategia contrainsurgente de los Estados Unidos en el continente latinoamericano; en tercer lugar, se considera la importancia geoestratégica de las bases militares de Estados Unidos en el mundo y particularmente en nuestros territorios; y en cuarto lugar, se señalan en forma breve los objetivos de Estados Unidos al convertir al territorio colombiano en uno de sus principales centros de operaciones militares.
Leer más...
En este texto se consideran cuatro cuestiones: en primer lugar, se indica cuales son las características de la guerra mundial por los recursos y su influencia directa en América Latina; en segundo lugar, se subrayan los aspectos medulares de la estrategia contrainsurgente de los Estados Unidos en el continente latinoamericano; en tercer lugar, se considera la importancia geoestratégica de las bases militares de Estados Unidos en el mundo y particularmente en nuestros territorios; y en cuarto lugar, se señalan en forma breve los objetivos de Estados Unidos al convertir al territorio colombiano en uno de sus principales centros de operaciones militares.
Leer más...
viernes, 3 de enero de 2014
Leer más...



